Ganadores de la II edición del Certamen Literario de articulismo

Fallo del jurado del II Certamen Literario de Articulismo:

- 1º premio: María Guerrero García, con ‘Libertad, aún no te conozco’ (I.E.S. Profesor Gonzalo Huesa)
- 2º premio: Soledad Guerrero González, con ‘Loros de papel’ (Colegio Patrocinio San José)
- 3º premio: Cristina Palma Arco, con ‘Caminando hacia el mar’ (Colegio Los Olivos)


- 1º premio: LIBERTAD, AÚN NO TE CONOZCO

Siento miedo. Como mujer cada noticia que veo en la tele me lleva a pensar cuál es el mundo en que vivimos, que lleva a hombres hechos y derechos a cometer acto tan atroz. Me cuesta imaginar el poder que tiene la palabra maltrato. El daño que hace a cada persona que lo vive y lo siente en primera persona. No sé cómo será nuestra vida dentro de unos años, tal vez nos convirtamos en mujeres fuertes capaces de enfrentarnos a cualquier persona que nos quiera dañar o menospreciar, tal vez seamos dueñas de nuestro propio destino o nuestro destino sea ser esclavo de alguien. Seamos libres. Tenemos ese derecho.

Todos hemos visto cómo nuestra vecina sufría, a la vez que mostraba su “hola” más expresivo ante la violencia que sufría por parte de su marido. Y sí, vivimos en ese mundo en el que muy pocos ponen remedio a este problema. Qué fácil es ser el testigo y no la víctima. Pero a veces no es evidente distinguir a la mujer que se sumerge en una vida perfecta de su casa hacia afuera pero dentro es donde existe el verdadero infierno.

Además del maltrato considerado como tal, está la violencia verbal que sufren adolescentes desde los quince años y que no llega a acabar en toda una vida. Es imposible olvidar lo sucedido en la famosa fiesta de San Fermín en la que una “manada” como ellos prefieren llamarse abusan de una chica de tan solo dieciocho años. Sale a divertirse y lo único que encuentra es un mundo lleno de misoginia y menosprecio a la mujer. La violan, abusan y la culpable es ella. Sean sinceros por una vez y dejen que esta chica quede libre de la pesadilla que vivió ese día y que ojalá ninguna más vuelva a pasar por hechos tan inhumanos como los que ocurrieron en aquel oscuro portal.

María Guerrero García

- 2º premio: LOROS DE PAPEL


Existe una novela que vamos trazando cada uno de nosotros a lo largo de nuestra vida, con sus momentos de tediosa rutina y giros repentinos de incontenible emoción, y constituye el legado que, en el futuro que a todos nos aguarda, dejamos para que otros reciban en sus manos, cuando nosotros mismos no estamos ahí para verlo.

Es por ello que todos habríamos de actuar, idealmente, como verdaderos héroes de nuestra causa, milagrosos curanderos de los males de muchos, valientes aventureros del día a día y capitanes del navío de nuestros sentimientos. Siendo protagonistas de esta novela, conocemos a más personajes, los incorporamos a nuestro argumento y forman parte del perfil que vamos marcando con nuestras acciones, haciendo de nuestra historia una crónica rica en matices y lecciones de vida.

Actualmente, no obstante, en las “Librerías de la Vida” debe haber pocos lectores interesados en novelas que narran acontecimientos anclados en la misma marea: vidas de personas con idénticos gustos e idénticas ambiciones. Como “loros de papel”, que repiten la forma en que María vestía para ir al instituto, o Marcos pasaba las tardes mandando “chistes” por whatsapp a todos sus compañeros, en vez de quedar con ellos. Novelas que, además, no gozan de gran variedad de personajes, pues cada vez nos limitamos más a caminar mirando a esas máquinas que apagan personas y proyectan “notificaciones”, en lugar de disfrutar del ambiente que nos rodea y puede regalar sonrisas que curan un mal momento, tropiezos de cordialidad que reponen la esperanza en lo cotidiano.

No nos damos cuenta, y esto quizá se deba a que hace tiempo dejamos de leer, de que las más enriquecedoras historias son siempre las que se acercan para darte la mano y sonreírte, no las que pasan –indiferentes– entre la inmensa multitud uniforme.

Soledad Guerrero González

- 3º premio: CAMINANDO HACIA EL MAR


La brisa matutina hace ondear mi cabello, parece que su única intención fuese la de crear melodiosos tirabuzones que se acompasen con los del mar, formando un cuadro de vivos e intensos colores en armonía. Cansada de observar la superficie acuosa, clavo mi mirada unos centímetros más arriba; es impresionante cómo las nubes fluyen con el viento, retratando infinitud de pintorescas formas que se funden con el cielo, cuando era pequeña solía tirarme horas y horas tratando de darles razón de ser, buscando en ellas algo diferente cada vez, es como si todavía siguiera atrapada en ese melancólico estado de niñez…un perro…una casa…un dragón escupiendo fuego por la boca…no, hoy no, no tengo tiempo, debo continuar mi camino.

Pero lo cierto es que nunca me cansé de observar el mar ni las nubes, de sentir el chisporroteo de las olas rompiendo en la orilla correr por mis venas, haciéndome una con el entorno, suscitando en mí un vago recuerdo de poder enfrentarme al día a día buscando refugio en mi mente, un recuerdo que nunca debió serlo, ya que esa sensación siempre estuvo en mí y, hoy día, ahí sigue, bajo un cúmulo de sustancias, esperando a ser desempolvada.

Eso me lleva a pensar, ¿realmente la imaginación se reduce a cosa de críos?, claro que no.

Es cierto que he crecido, he aprendido muchas cosas a lo largo de los años y he tratado de darles forma de mil maneras distintas, alejándome de la monotonía que conllevan ciertas obligaciones propias de la edad, pero hay muchos factores que fomentan el alejamiento de la imaginación, de inventar, de crear cosas por ti solo, así es la sociedad actual, y es en ese momento cuando me planteo: ¿es ese el camino que quiero seguir?

Cristina Palma Arco