Premio Miramar

El Premio Miramar, organizado por el Ilustre Colegio de Abogados de Málaga y la Fundación Manuel Alcántara, nace con el objetivo de estimular la creación literaria con temática jurídica, y que está dotado con un premio único de 1.000 euros.

BASES DEL PREMIO MIRAMAR

PRIMERA. Participantes

A este Premio, en el que solo están excluidos los autores galardonados en anteriores ediciones, podrán concursar los trabajos escritos en castellano y publicados entre el 1 de enero y 31 de diciembre de 2015, en un medio escrito, difundido en soporte papel o digital.

SEGUNDA. Requisitos de los trabajos

Cada autor enviará un único trabajo, de carácter individual. El trabajo presentado consistirá en un artículo de tema jurídico original y no premiado en otro concurso literario. No se admitirán traducciones ni adaptaciones. Tendrá una extensión máxima de 900 palabras. En el caso de textos publicados en soporte papel se presentará artículo original y copia en soporte informático (mecanografiada a doble espacio, por una sola cara, con letra Times New Roman de 12 puntos); en el caso de textos publicados en soportes digitales se presentará copia autentificada. Todo ello deberá ir acompañado obligatoriamente de la siguiente documentación: fotocopia del DNI, NIE o pasaporte, teléfono y dirección de contacto.

No serán aceptados los trabajos que no cumplan estas condiciones.

TERCERA. Plazo y medio de presentación

Los artículos, junto a la documentación requerida, serán enviados por correo postal a la siguiente dirección: Ilustre Colegio de Abogados de Málaga, Paseo de la Farola, 13. 29016 (Málaga) indicando en el sobre el nombre del premio. No se admitirán trabajos enviados por correo electrónico.

El plazo de admisión de los artículos será desde el día siguiente a la publicación de estas bases hasta las 14:00 horas del día 1 de octubre de 2016.

CUARTA. Premio

Se concederá un premio único de 1.000 euros (sujeto a la normativa impositiva vigente) al trabajo que, a criterio del jurado, tenga mayor calidad literaria. Este premio, que podrá  ser declarado desierto, será indivisible.

QUINTA. Composición del Jurado 

El jurado, que será nombrado por el Colegio de Abogados de Málaga y la Fundación Manuel Alcántara, estará integrado por:

-       3 Vocales con voz y con voto
-       Secretario/a, con voz pero sin voto

SEXTA. Fallo del jurado 

El fallo del jurado, que será inapelable, se comunicará antes del  15 de diciembre en las páginas webs del Ilustre Colegio de Abogados de Málaga y de la Fundación Manuel Alcántara.

La entrega del  premio tendrá lugar en Málaga en un acto convocado por el Colegio de Abogados de Málaga y la Fundación Manuel Alcántara, en lugar y fecha que serán comunicados con la suficiente antelación.

Será condición indispensable para la entrega del premio la asistencia de la persona premiada.

SÉPTIMA. Aceptación de las bases y procedimiento administrativo

La responsabilidad sobre el contenido de los artículos presentados, el registro de su autoría y las posibles implicaciones legales en caso de denuncias por plagio, recaerá sobre los autores, que se comprometen mediante la aceptación de estas bases a garantizar la legítima titularidad de los derechos sobre los artículos presentados. Los originales no premiados serán destruidos y no se mantendrá correspondencia sobre ellos.

La organización y el jurado resolverán los casos no previstos en estas bases.

OCTAVA. Cesión de derechos

La participación en este premio supone la aceptación íntegra de sus bases, así como la autorización a la difusión del trabajo premiado en aquellos soportes que, a juicio del Colegio de Abogados de Málaga y la Fundación Manuel Alcántara supongan un reconocimiento de los mismos. Dichos trabajos pasarán a ser propiedad de los patrocinadores, quienes podrán utilizarlos, conjunta o separadamente, en la forma en que estimen conveniente, con la única obligación de no alterar su contenido y expresar el nombre y primer apellido de su autor donde quiera que se publiquen o utilicen. Los mismos no podrán ser presentados a otros concursos o certámenes de cualquier tipo sin la autorización expresa de los patrocinadores.


PERIODISTAS PREMIADOS:
- Javier Muriel Navarrete (2015) con su artículo ‘Que levante la mano’

El jurado de la primera ediciónestuvo formado por el decano del Colegio de Abogados, D. Francisco Javier Lara; D. Teodoro León, director de actividades de la Fundación, y el periodista D. Carlos Herrera.

- Hugo Aznar Gómez (2016) con su artículo ‘Que levante la mano’

El jurado de la segunda edición estuvo formado por el ministro de Justicia, D. Rafael Catalá; el doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, D. Manuel Jesús Lagares; el periodista y director de actividades de la Fundación Manuel Alcántara, D. Teodoro León Gross, y el decano del Colegio de Abogados de Málaga, D. Francisco Javier Lara.


I PREMIO MIRAMAR: QUE LEVANTE LA MANO
Javier Muriel Navarrete
(artículo publicado en La Opinión de Málaga 13.11.2014)

A mí, el pasado de la Pantoja como icono folclórico me importa más bien poco, por no decir nada; pero el futuro de María Isabel Pantoja Martín me interesa bastante, por no decir mucho, y más aún después de leer el Auto de la Sección Segunda la Ilustrísima Audiencia Provincial de Málaga por el que se le deniega la suspensión de la condena. Como letrado no llego a comprenderlo, y me consta que no soy el único. Que levante la mano quien lo entienda.

Según los magistrados, la tonadillera cumple todas las condiciones señaladas en el Art. 81 del Código Penal para no entrar en prisión, a saber: haber delinquido por primera vez, ser condenada a una pena no superior a dos años de prisión y haber satisfecho las responsabilidades civiles. Hasta ahí todo correcto. El problema surge cuando, aún reconociendo que no concurre probabilidad de que cometa nuevos delitos, estiman que la viuda de España es peligrosa y por ello debe ir a la cárcel. Pantoja y peligrosa, dos palabras que hace poco tiempo nadie hubiera usado en la misma frase. Que levante la mano quien la hubiese escrito.

Es cierto que los togados precisan a qué peligro se refieren cuando interpretan que la madre de Kiko Rivera no se ha convertido en una pandillera del Bronx, sino que la conducta delictiva llevada a cabo es tan peligrosa que ha puesto en jaque a la sociedad española. Es decir, el mayor riesgo que usted corre si se acerca a la otrora reina de la copla es que le saque un ojo con la bata de cola, pero haber blanqueado dinero como pagafantas de Julián Muñoz es algo tan relevante que el pueblo español debe saciar su sed de justicia viendo a la gitana con el pijama de rayas. Sí o sí. Que levante la mano quien no quiera verla bailando el rock de la cárcel. Paquirrín, tú no.

En mi opinión el tribunal enjuiciador tendría razón siempre y cuando cundiera el ejemplo, hecho éste que brilla por su ausencia, aunque faltasen prisiones en este país. Y no solo me refiero al futuro de Rato, Blesa, Urdangarin, Chaves, Griñán, Acebes, Pujol, Bárcenas, etc, sino al día a día de las decenas de miles de españoles que gozan de la suspensión de la pena al diferenciarse de la marinera de luces en que el CIS no les ha incluido en el ranking de preocupaciones. Ahora resulta que las conclusiones del CIS deben ser consideradas circunstancias atenuantes o agravantes del reo, lo cual no es de extrañar cuando profesionalmente he tenido el dudoso honor de escuchar a un fiscal invocar el barómetro del CIS en su alegato casacional ante el Tribunal Supremo como elemento ponderable que justifique una condena. Que levante la mano quien alguna vez ha sido encuestado por el CIS.

Si la opinión pública empieza a ser un criterio jurisdiccional corremos el riesgo de que los participantes de Hombres y Mujeres y Viceversa presidan un Consejo de Ministros o que cambiemos el BOE por el Hola. La independencia judicial es sagrada, pero conceptos como «reglas de la sana crítica», «apreciar en conciencia» o «sentencia ejemplarizante» conllevan criterios subjetivos que no ayudan a que la sociedad entienda la uniformidad y homogeneidad con las que debe afrontarse un problema como el de la corrupción. Que levante la mano el que sepa por qué unos tanto y otros tan poco.

Para intentar dar cumplida respuesta a esta cuestión la mayoría de las asociaciones de jueces y fiscales propusieron la semana pasada ocho medidas contra la corrupción, y me temo que en esa misma tardía labor anda cada partido. Me imagino a los políticos encerrados en sus respectivas sedes e inmersos en lo que los creativos llaman una tormenta de ideas, como los guionistas de una serie intentando crear un concepto innovador que recupere la fidelidad de una audiencia que huye a raudales. Lo que ocurre es que ya nadie se cree a los personajes y la trama aburre. Mezclen políticos que barajan su propio castigo, jueces sin medios, fiscalías piramidales, una ley obsoleta y estudios sociológicos. Que levante la mano quien no conozca el final.

A la Pantoja le han cortado las barbas (jurídicamente, claro) y no veo a la Infanta poniendo las suyas a remojar. Por cierto, según el CIS la primera inquietud de los españoles no es la corrupción, es el paro. Que levante la mano quien quiera un trabajo ahora que, por lo visto, nuestra preocupada opinión resulta vinculante y parece estar huérfana de actos ejemplares.

De izquierda a derecha: D. Francisco Javier Lara, decano del Colegio de Abogados de Málaga; D. Javier Muriel, D. Manuel Alcántara y D. Antonio Pedraza Alba, presidente de la Fundación Manuel Alcántara.


II PREMIO MIRAMAR: LIBERTAD DE EXPRESIÓN: UN VALOR ESENCIAL
Hugo Aznar
(artículo publicado en el Diario Levante 10.01.2015)

En homenaje a las víctimas de París y de todos los que son asesinados por ejercer este derecho fundamental

La distancia de la Tierra al Sol es de unos 150 millones de kilómetros, una distancia que, junto con otros rasgos peculiares de nuestro planeta, permite que disfrutemos de unas temperaturas adecuadas para la existencia y la plenitud de la vida tal como la conocemos, incluida nuestra vida humana sentiente, inteligente y espiritual.

Redondeando las cifras, Venus está a unos 100 millones y Marte a unos 225 millones, y todo indica que en ellos no hay vida, por no hablar ya de los planetas mucho más alejados del Sol. La vida se da, pues, en mi estrecho margen de condiciones, fuera de las cuales se hace difícil si no del todo imposible. Y para que haya vida se requieren además otras muchas condiciones, como un tamaño suficiente para que la gravedad nos permita disponer de atmósfera, que en su día nos llegara el agua de los cometas o que los asteroides no nos golpeen con más frecuencia. Basta un cambio ligero en la inclinación del eje terrestre para que pasemos del insoportable calor de un mediodía de agosto al gélido frío de una mañana invernal, y eso que estamos en la franja privilegiada del planeta. Cualquier variación infinitesimal en términos astronómicos de las condiciones de que disfrutamos haría que casi todas las formas de vida conocidas desaparecieran. Es algo que deberíamos recordar al iniciar cada nuevo día, pero que se nos olvida confundidos por una experiencia que nos hace creer que nuestra existencia y la de la vida en general son algo seguro. Olvidamos que son lo excepcional.

Y qué tiene que ver esto con la libertad de expresión. Más de lo que creen. También las condiciones de una sociedad abierta, tolerante y democrática, donde la libertad de expresión se configura como valor esencial para la misma, resulta algo excepcional. Lo que ha predominado a lo largo del tiempo, y sigue haciéndolo en muchos lugares de la Tierra, es la imposición por la fuerza y la violencia de unos seres humanos sobre otros, la intolerancia y la matanza de nuestros semejantes por cualesquiera razones que se nos hayan ocurrido: ideas, creencias, riqueza, poder…

En un singular ejercicio de maduración histórica, a partir del Renacimiento se alumbraron en Occidente las condiciones para construir mi régimen casi único de vida colectiva que ha dado pie a nuestras sociedades liberales y democráticas, abiertas y pluralistas. No fue para nada fácil: de hecho, el logro de los derechos humanos, entre los que figuran en lugar de honor la vida y la libertad de expresión, fue el costoso y difícil resultado de la voluntad de conjurar el horror de la vida de los pueblos y las personas precisamente a partir de la experiencia histórica de las barbaridades cometidas por nosotros mismos contra nosotros mismos. Del último de estos horrores, en el corazón mismo de la Europa civilizada, nació la Declaración de Derechos Humanos de 1948, tan solo hace unas décadas, apenas unos días en términos de historia humana.

Las circunstancias en las que disfrutamos de las condiciones de una vida colectiva basada en el acuerdo y la discusión pacífica de nuestras decisiones comunes; en la posibilidad de la crítica, la discusión y la puesta en duda libremente de todo por todos; en la convivencia pacífica y la tolerancia de quien opina, vive o piensa de modo distinto; en la posibilidad de elegir y cambiar nuestras decisiones comunes, incluida la de quienes nos gobiernan, etcétera, son singularmente excepcionales. Algo extraordinariamente valioso por consiguiente. Sin embargo, cuando las disfrutarnos tendemos a olvidar su excepcionalidad y su fragilidad, a creer que se dan sin más.

En España tenemos buenas razones para no olvidar la singularidad de los grandes valores fundamentales: apenas hace unas décadas nos matábamos en una sangrienta guerra civil y el terrorismo nos ha seguido salpicando de horror hasta hace apenas nada. La matanza de estos días en París -una de las cunas principales de los valores de esta civilización única de la tolerancia y el diálogo- nos recuerda la trascendencia de estos valores fundamentales y la singularidad del entorno en el que se configuran, mantienen y prosperan. Pero tan solo la percepción de una amenaza o el daño consumado nos recuerdan habitualmente su valía. En un paradójico ejercicio de imprudencia, tendemos a dar por supuesto y no cuidar de los bienes más valiosos de nuestra existencia mientras que nos afanamos diariamente detrás de lo que apenas tiene relevancia.

Lo primero que debemos hacer en homenaje a estos nuevos mártires de la libertad de expresión -como otros tantos que cada año son asesinados por ejercer este derecho humano-es solidarizarnos con su memoria y con el dolor de sus allegados, con el de sus compatriotas y, en el fondo, con el de todos los que compartimos estos valores. Pero el homenaje debe continuar cada día: valorando y cuidando entre todos de esta herencia singular, recordándonos una y otra vez cada día por qué y para qué existen estos valores, estos derechos humanos fundamentales y la sociedad que hacen posible.

La distancia que nos separa del sol y que hace que exista la vida no ha sido fruto de nuestra decisión. La distancia que nos ha separado de la barbarie, la violencia y la intolerancia sí ha sido una obra fruto de nuestra capacidad humana de recordar, aprender y decidir. No podemos cambiar la distancia al sol pero sí debemos mantener siempre la distancia con la barbarie. Cada mañana deberíamos acordamos de la singularidad de estas maravillas: la vida y la vida humana en paz y libertad. Cuidaríamos más de tales bienes únicos. También los disfrutaríamos con más hondura, valía y sentido. Como lo merecen.

De izquierda a derecha: D. Antonio Pedraza Alba, presidente de la Fundación Manuel Alcántara, D. Hugo Aznar, D. Francisco Javier Lara, decano del Colegio de Abogados de Málaga, y D. Rafael Catalá, ministro de Justicia.