Manera de Silencio

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Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico, sin el consentimiento por escrito de Manuel Alcántara y Fundación Manuel Alcántara.

Índice.:

El poeta
Biografía
Mar
Soneto para empezar un amor
Vivir
El vino de los muertos
Espejo
Me busco por el tiempo
Aclimato mi aliento…
Antiguo presente
Dios
La palabra de Dios
Oración
Hombre
Necesidad de alegría
Arcángel de pereza
Retorno
La memoria es de lluvia
El poeta pide por su voz
La poesía

 

 


El poeta

 

Alzo la voz. El aire es su destino.

 

(También se quedará la voz en nada.)

 

Recuerdos del tamaño del rocío…

 

Olvidadas memorias de mañana…

 

Buceo en el instante removido

y mis manos se llenan de palabras.

 

Manuel Alcántara

 


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Biografía

 

Lo mejor del recuerdo es el olvido…

 

Málaga naufragaba y emergía…

 

Manuel, junto a la mar, desentendido;

yo era un niño jugando a la alegría.

 

Ahora juego a todo lo que obliga

la impuesta profesión de ser humano,

y a veces, al final de la fatiga,

enseño a andar palabras de la mano.

 

Ser hombre es ir andando hacia el olvido

haciéndose una patria en la esperanza;

cuerpo a cuerpo con Dios se está vendido

y a gritos no se alcanza.

 

(Dentro de poco se dirá que fuiste,

que alguien llamado así, vivió y amaba…)

Ser hombre es una larga historia triste

y un buen día se acaba.

 

Desde mis veinticinco historias vengo.

 

Nada me importó nada.

 

Pero cualquier capítulo lo tengo

miniado en letra triste y colorada.

 

Un hombre hecho y deshecho

os habla. Soy distinto cada año.

Tengo un desconocido por el pecho.

Sí. Miradme a los versos. No os engaño.

 

Tengo el sombrío bosque de la frente

esperando que llueva;

mientras, el alma suena bajo el puente,

y cuando el alma suena es que a Dios lleva.

 

Vuelvo a andar el camino desandado

y en mi paso resuenan las cadenas.

Recuerda el corazón acostumbrado…,

¡qué buen fisonomista de las penas!

 

Unas pocas palabras me mantienen:

duda, esperanza, amor… Siempre me pierdo…

Amor, duda, esperanza… Siempre vienen…

La ilusión, si la he visto no me acuerdo.

 

Lo mejor del recuerdo es el olvido…

 

Málaga naufragaba y emergía…

 

Manuel, junto a la mar, desentendido;

hubo una vez un niño en la bahía.

 

Y un hombre hay de pie sobre mis huellas,

indefenso y sonoro, a ras del suelo,

que se irá mientras hacen las estrellas

propaganda de Dios allá en el cielo.

 

Manuel Alcántara

 

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Mar

 

A Jesús Cancio

 

En medio de la noche el mar sin sueño

cuenta peces y estrellas desvelado;

en medio de la noche el mar cansado,

como un perro olvidado por su dueño.

 

La ola se frunce en numeroso empeño,

algas condecorándole el costado,

y el mar dentro del mar ha naufragado

igual que un río frágil y pequeño.

 

Lluvia de Dios sirviera de semilla

a su arboleda azul y su cadena

cuando el mar se inventaba aquella orilla.

 

Una postura suya busca el centro;

desertor inconforme de la arena,

el mar tiene un dolor de tierra adentro.

 

Manuel Alcántara

 

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Soneto para empezar un amor

 

Ocurre que el olvido antes de serlo

fue grande amor, dorado cataclismo;

muchacha en el umbral de mi egoísmo,

¿qué va a pasar? Mejor es no saberlo.

 

Muchacha con amor, ¿dónde ponerlo?

Amar son cercanías de uno mismo.

Como siempre, rodando en el abismo,

se irá el amor sin verlo ni beberlo.

 

Tumbarse a ver qué pasa, eso es lo mío;

cumpliendo años irás en mi memoria,

viviendo para ayer como una brasa,

 

porque no llegará la sangre al río,

porque un día seremos sólo historia

y lo de uno es tumbarse a ver qué pasa.

 

Manuel Alcántara

 

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Vivir

 

Vivir se va quedando sin campanas,

la esperanza no tiene que ponerse

ni la muerte un lugar donde caerse…

¿Quién le cerró a la vida las ventanas?

 

Que me expliquen por qué no tienen ganas

los antiguos caminos de moverse;

ya no queda ninguno en que perderse

y me quedan que estar muchas mañanas.

 

Por una herida múltiple respira

mi voz y en la baranda estoy de codos

pensando en el final de la tragedia.

 

Qué le vamos a hacer. Si bien se mira,

con el día y la muerte estamos todos.

Mal camino. Si Dios no lo remedia.

 

Manuel Alcántara

 

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El vino de los muertos

 

Recuerdo el porvenir. Todo se sabe.

Lo que me espera es una vieja historia;

la muerte empezará por la memoria,

a vivir le echarán tierra y un ave

 

volará, dicen (mucha duda cabe).

Lo demás nada importa, es trayectoria;

lo demás es dar vueltas en la noria.

Tenerse que morir, es lo grave.

 

El silencioso vino de los muertos

diariamente me bebo trago a trago

con la incontable sed de los desiertos.

 

Todo para acabar donde se empieza;

ya no sé si es vivir esto que hago

la muerte se me sube a la cabeza.

 

Manuel Alcántara

 

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Espejo

 

Tiene sangre de estatua

la imagen del espejo.

 

Me estoy mirando enfrente

sin salirme de dentro…

 

(Entre la sangre plana

acuñando secretos,

el espejo no tiene

sitio para el misterio.)

 

Me estoy mirando enfrente…

Parezco mi recuerdo.

 

(El espejo regala

al ciego que está dentro

biseladas y frías

monedas de silencio.)

 

Me estoy mirando enfrente

y tampoco me encuentro.

 

Manuel Alcántara

 

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Me busco por el tiempo…

 

Me busco por el tiempo que he perdido

y en las hojas de ayer del calendario,

pero no encuentro al alma por mi almario

ni rastro de aquel viejo conocido.

 

El que yo fui, ¿por dónde se habrá ido?

Quiero saber de mí. Es necesario

conocer a quien trato en este diario

escribir las memorias de mi olvido.

 

La aventura pequeña de ese barco

que hace su travesía por un charco

sabiendo que a babor nadie contesta.

 

Bebiendo estoy mi vino y mi pregunta.

Penas y dudas. Todo se me junta.

Y Dios da la callada por respuesta.

 

Manuel Alcántara

 

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Aclimato mi aliento…

 

 

Aclimato mi aliento al desencanto

y acostumbro mi tiempo a la deshora;

resido en la memoria, esa sonora

habitación cerrada a cal y canto.

 

Ser hombre es la tarea que levanto,

ésa mi ocupación desoladora,

que se guarda la pena y nunca llora

porque sabe que nunca es para tanto.

 

Yo vine para ver oscuridades,

viajo del corazón a la cabeza,

minero del metal de las verdades

 

y sé que la verdad siempre se esconde.

Llamo ante la sombría fortaleza…

(Por más que llamo nadie me responde.)

 

Manuel Alcántara

 

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Antiguo presente

 

Tengo un niño olvidado en la memoria

antiguamente joven como un río;

regresa de un remoto tiempo mío

tan lejano y azul como la gloria.

 

Inconcretas noticias de mi historia

me trae hasta la puerta un viento frío;

volviendo están los vilanos de otro estío

y agua pasada muévese en la noria.

 

El porvenir de ayer es ya recuerdo

y el niño nunca sabe dónde empieza

el día de mañana cada día.

 

Niño que se perdió como me pierdo,

pensando que no es buena mi tristeza

y no vale la pena mi alegría.

 

Manuel Alcántara

 

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Dios

 

Creer en Dios es nieve y se derrite

sobre el hombro cansado de la espera.

Creer en Dios, ¡ay Dios!, qué fácil era,

pero el eco de Dios no se repite.

 

Dando traspiés el alma, caes y te

levantas, ¡qué remedio!, y ni siquiera

duele. ¿Dónde anda Dios? Si lo supiera…

Y Dios sigue jugando al escondite.

 

Esperemos. Silencio de Dios suena

en la oquedad del hombre. Siegan hoces

de frío el frágil vuelo de aquel ave

 

que distraía el paso a la cadena.

Tengo miedo y escucho. Suenan voces.

Serán de Dios. No sé. Cualquiera sabe.

 

Manuel Alcántara

 

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La palabra de Dios

 

La palabra de Dios suena en el tiempo.

La palabra de Dios

resbala por las piedras y me llega

a través de los hombres,

acomodada por sus manos, fría,

extrañamente turbia, inexplicable.

 

La palabra de Dios suena en el viento.

 

Tu palabra, Señor, como una lágrima

que suspende tu mano sobre mí,

se queda por el aire

a mis alzados brazos imposible.

 

Desde el barro, mi solo consejero,

levanto una columna de preguntas

sosegadas y oscuras como un humo

que hasta Ti asciende ingrave

manchando la pared de la mañana.

 

Tú tenías la voz innumerable

lo mismo que la lluvia,

y oficio de la tierra era mojarse.

 

Tú tenías la voz alegre y blanca

de la lluvia tendida por las piedras.

 

¿Qué ha pasado, Señor, después de aquello?

 

¿Qué me ha pasado a mí que no te entiendo?

¿Y a Ti qué te ha pasado?

 

¿Qué ríos o qué espadas se han alzado

cortándome, ahogándome tu lluvia?

 

¿Por qué me dejaste tu palabra oscura?

 

Remotamente duro es tu silencio,

callas como una estrella.

 

(Dios sigue estando, claro, pero arriba.)

 

Señor, yo no te tengo más que miedo.

 

Necesito que grites,

quiero tu resplandor sobre mi frente

o en el hombro tu mano azul y eterna.

Quiero vestirme de palabra tuya

para andar abrigado hasta tu tiempo.

 

Cuando Dios nada dice es que algo pasa.

 

(Con silencio de nieve sobre nieve,

la palabra de Dios está cayendo.)

 

Compréndeme, Señor,

te ando buscando a ciegas

y hasta mis labios viene

tu ruidoso silencio inmerecido.

En esta oscura búsqueda no encuentro

ni manos que me lleven

ni viejas catedrales que me sirvan.

Contra esto nada sirve,

quizá el camino andado de quererte…

Y en mi insignificante trascendencia,

levanto un haz de sangre o de preguntas

y un eco de silencio me responde.

 

La inextinguible duda se me ha vuelto

incertidumbre crónica y dormida.

 

Testimonio de Ti son estos gritos

y esta terca esperanza que sostengo

en la aplazada tierra de mis brazos.

 

Latente, inexorable,

¿acaso miro a Dios pensando al Tiempo?

 

Me surgen las preguntas exentas de reproche

porque, después de todo,

Tú me diste esta voz con que te llamo.

 

Alguna vez, Señor, ¡gracias a Dios!,

todo se olvida y crezco en el presente.

Roja paz de la tierra con destino de nada,

y el alma candidata a permanencia.

 

Entonces me dan ganas de hablarte de mis cosas.

De nimios pormenores de mi vida

de criatura de Dios, contigo a cuestas;

de la pequeña historia de mi sangre,

de la territorial desesperanza

de este desconocido en el que habito,

de mi roja alegría inconsecuente,

de todo lo que pienso.

 

Porque es mucho misterio para un hombre

este que transportamos por la frente.

 

Exiliados de Ti, siempre ignorantes,

sintiendo tu inminente lejanía,

ni las cosas del mundo conocemos.

 

La sed, ¿es un silencio propagado

que convierte los pájaros en tierra?;

y el agua, ¿es un milagro demasiado

visible y repetido?

 

Porque uno sabe menos cada día.

 

Y Tú estás a lo tuyo:

organizando estrellas,

decretando la lluvia,

ordenando crecer a tantos árboles,

como si nada…

 

De todo quiero hablarte,

incluso del cristal de mi << Dios mío>>

siempre en los labios frágil y purísimo.

(Tú no puedes decir nunca “Dios mío>”)

 

Antes que vuelva al barro y me transforme

en tierra oscura y patria,

antes que se conviertan estos huesos

en minería de la muerte,

yo, próxima materia de la gleba,

quiero saber de Ti por tu palabra.

 

Cuando Tú me inaugures

una inmortal costumbre decisiva,

cuando la sangre cese

y te entregue esta muerte hereditaria,

me enteraré de todo.

 

Mientras, aquí me tienes,

ocupado yo solo en mi consuelo,

equivocándome, intentando nada,

atareado con esto de vivir…

 

Manuel Alcántara

 

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Oración

 

Un hombre soy de tierra.

 

Tierra oscura plantada de esperanza,

pobre tierra que piensa.

 

Mi voz involuntaria de testigo,

rotundamente humilde, no traspasa

la frontera de Dios, con tanto ruido.

 

La vida se me ha vuelto una pregunta.

 

Sin entendernos, Dios y yo, distintos,

llevamos nuestras soledades juntas.

 

Mi voz va por el aire,

tierra de Dios, sus voces

cruzan mi corazón, tierra de nadie.

 

Y estoy, como las islas,

rodeado de Dios por todas partes.

La muerte es una víspera.

 

Solidario de todo

(yo sé que nada vale la alegría),

trato con mi contorno.

 

Esa orfandad hereditaria

que cada hombre recoge cuando nace,

torna en mi voz desocupada.

 

Sigo esperando como siempre.

 

¿Dónde empieza el silencio interminable?

 

Un hombre soy de tierra y Dios no llueve.

 

Manuel Alcántara

 

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Hombre

 

Iba alegre o sombrío

(según a Dios le diera),

extrañamente humano, como un árbol.

 

Iba como cualquiera. Sin saberse.

 

Días –primero plumas, luego piedras-

le cansaron la voz y las pestañas,

le llenaron de fechas la cintura.

 

Buscaba a Dios sobre todas las cosas,

invocando su santo nombre en vano.

 

Habitado del alto desconcierto

de sentirse incompleto,

moría, mucho a mucho.

 

La sangre le fluía, litoral y encrespada,

del todo irresponsable.

 

Vio la tierra sin ríos y los cielos sin nadie.

 

Por eso nunca supo si rezaba

al querer a los niños

o al decir aquel nombre de muchacha

o palabras hermosas como “vida”,

“mañana” o “todavía”.

 

Otras veces pensaba que ante un hombre

Dios deberá sentirse

abrumadoramente responsable.

 

Amigo y partidario de su sombra,

se amaba demasiado

el hombre del que os digo.

 

Pero lo hacía todo de muy buena esperanza.

 

A veces, se alegraba. Entonces iba y daba

todo a manos vacías y tiraba

la alma por la ventana.

 

Transitorio en sí mismo iba cruzando

íntimos territorios de su pecho,

donde un reloj de sangre le medía la sombra.

 

Agua pasada le mojaba

para siempre el camino.

 

Ahorcado de los cielos,

cualquier inútil piedra le crecía

el presupuesto de ternura.

 

Herido por la mística indolencia

el pecho vulnerable,

deshojado en oscura juglaría,

miraba todo con ritual desgana,

con los ojos fluviales desatentos

por la andadura larga y heridora…

 

Edificado barro trascendente,

la tierra inhóspita sostuvo un hombre,

puro presenciador de las estrellas,

encendido en palabras,

al hombre su ternura numerosa…

 

Manuel Alcántara

 

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Necesidad de alegría

 

La mano del amor nos ensartó

para la alegría.

 

Abu-L-Qasim Ben Al-Saqqat

 

¿QUÉ extraña carretera me desvía

del territorio azul que voy buscando?

¿Por qué este límite de niebla cuando

quizá sea posible todavía?

 

Dejaré esta costumbre cualquier día

(que no se aumenta el corazón llorando);

por la tierra del pecho estoy cavando

para hacerme una casa en la alegría.

 

Porque algo me desmiente la amargura;

la frente más penosa solicita

luz en la circunstancia más oscura.

 

Partidario del sol entre la pena,

un agua de ilusión desacredita

el argumento triste de mi arena.

 

Manuel Alcántara

 

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Arcángel de pereza

 

UN arcángel me ronda indiferente,

oigo sus alas cerca de mi aliento;

un arcángel me ronda, yo lo siento

con el peso del aire por mi frente.

 

Él me enseñó a decir «inútilmente»

y a darle los propósitos al viento;

su espada, del metal del desaliento,

se hunde en mi voluntad desobediente.

 

Arcángel rondador de la desgana,

que se lleva el dolor que no me tomo

para traerlo el día de mañana…

 

Sujetas van las penas por las bridas,

enjaezadas, dolientes, nobles, como

las mulas al final de las corridas.

 

Sólo la ociosidad es mi tarea.

Las morunas naranjas, gajo a gajo,

vierten su antiguo zumo, y en el tajo

se ha vuelto perezosa la pelea.

 

Si esto es vivir, que venga Dios y vea

cómo ando con la vida cuesta abajo…

Que cuesta estar de pie mucho trabajo

para después marcharse adonde sea.

 

El naufragio que llevo entre las sienes,

que es verdad que no cabe en cualquier río,

me trae a mal traer… Y aquí me tienes

 

contándole una historia a los desiertos,

machacando la vida en hierro frío,

hablando de la muerte con los muertos.

 

Lo sabe el corazón. Que no se diga

que el corazón no sabe lo que tiene.

Sobre su propia muerte se sostiene

pero la sangre a veces se fatiga.

 

Cansado y todo dice Dios que siga

habitando el vacío, que se llene

de noches y de nada… Mientras viene

uno se echa a dormir. Pereza obliga.

 

Con la genealogía de los trinos

cantando está la antigua voz del arte

a la insegura sombra de la suerte,

 

la memoria se llena de caminos

pero no llegaré a ninguna parte

con este corazón de mala muerte.

 

Manuel Alcántara

 

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Retorno

 

ESTE tener la muerte en carne viva

transitada de pájaros y peces…

De un silencio he venido. Temo a veces

que se llame silencio quien me escriba.

 

Este ir hacia una luz definitiva

bebiéndose la sombra hasta las heces…

La vida es una historia. No la empieces.

La muerte es una carta. La reciba.

 

Ninguno sabe si es que muere o nace.

Nadie nos dice nada, pero tengo,

lo sé, mi fin en mí, como la nube.

 

En el miedo de Dios el alma pace

una celeste yerba, y sé que vengo

desde un antiguo olvido donde estuve.

 

Manuel Alcántara

 

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La memoria es de lluvia

 

CADA vez más, me vuelvo lluvia lenta,

lluvia que se detiene sorprendida

por no mojar la frente que recuerda.

 

Cada vez más, soy mano sin semilla,

ilusa sembradora de cosechas,

sonámbula de amigos, repartida

en las cosas, llamando por las puertas.

 

Cada vez más, soy fuente fugitiva

deshojándose a gusto entre las piedras.

 

Cada vez sabe menos de la orilla

y de los peces este mar que piensa.

 

Manuel Alcántara

 

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El poeta pide por su voz

 

LA voz es la esperanza que se amasa

con sangre de silencios y de ruido,

miedo sonoro, porvenir de olvido,

perro ciego en la puerta de mi casa.

 

La voz es una llama que fracasa

con su rojo propósito aterido;

en los labios estaba y se ha perdido,

que venga Dios a ver lo que le pasa.

 

¿Adonde irá mi voz con su estatura

mínima y luminosa de vilano?,

¿quién le presta las alas para el vuelo?

 

Procure yo en su frágil andadura

que el aire me la lleve de la mano

y Dios no quiera que se caiga al suelo.

 

Manuel Alcántara

 

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La poesía

 

ESTABA por el viento,

que yo la vi… Presunta en las palabras…,

escondida en el pecho…

 

Sin patria por la tierra,

hizo su residencia en el silencio.

 

Hombres hechos por Dios

de la materia de los sueños,

la buscaron sin luz entre las cosas.

 

Huérfanos del secreto,

invocaron su nombre,

 

se inventaron los versos.

 

(A veces roza el canto

o nos suena por dentro,

pero nunca se queda con nosotros,

sólo nos deja el eco.)

 

La memoria de Dios sólo la sabe.

 

Los hombres escribimos en el viento.

 

Un poema es propósito

de dorar el misterio,

un inútil intento de saberse,

cordialmente indiscreto.

 

Y nadie sabe… La poesía es una

manera de silencio.

 

Si alguien está seguro que la tiene,

que escriba el primer verso.

 

Viniera hasta mis manos y se haría la luz,

yo le preparo un hueco.

 

Nada se puede hacer para que venga.

 

Por eso yo me quedo

con los brazos cruzados, esperando

que me llueva del cielo.

 

Manuel Alcántara

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