Anochecer privado

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Se prohíbe la reproducción total o parcial de esta obra sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico, sin el consentimiento por escrito de Manuel Alcántara y Fundación Manuel Alcántara.

Índice.:

Este jueves depende de tu boca
A la vera de un jazmín
En aquel tiempo
Telegrama a Bécquer
En busca de una persona
Al final de la acera está la orilla
Mira qué cosa tan rara
Una vez más, reaparece



Este jueves depende de tu boca

Este jueves depende de tu boca.

Debes cuidarlo igual que un parque a un niño,

como cuida el otoño cada hoja

y le procura el aire necesario

para que se reúna con las otras.




Mira este jueves. No lo sabe. Míralo

acercarse a nosotros entre sombras

y ocupar la ciudad como un ejército

que no pensara nunca en su derrota.

Será jueves en todo. Está de paso

pero quiere vivir de luces propias.

Entrará en la oficina de mañana,

a mediodía contará sus horas

y se quedará al norte de las cartas

que desde que se escriben son remotas.

Mira cómo se acerca hasta nosotros:

viste de azul y herencias sigilosas,

establece su número y su luna

¡el tiempo siendo jueves en las cosas!




Cuídale tú que puedes, no le dejes

que tal día haga un año en la memoria.

Mira cómo se acerca a la ventana

sin saber que depende de tu boca.




Para pasar un día con nosotros

ha salido este jueves de sus sombras.

Manuel Alcántara

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A la vera de un jazmín

A la vera de un jazmín

voy a sembrar tu recuerdo:

es lo que queda de mí.

Manuel Alcántara

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En aquel tiempo

Yo tuve el corazón capaz de lluvia.

Ocurría febrero con sus alas

y el tiempo digital nos puso juntas

las manos. Y los ojos y los cuerpos:

toda la tierra que el amor excusa.




Igual que el viento en las banderas altas

se comportó en nosotros esta música.




Me fui quedando acompañado y cierto,

entendido en los bosques de mi jungla,

leñador orgulloso de raíces

que pensaban estar por siempre ocultas.

Lo de siempre se puso a ser distinto:

el mar entero cupo en una urna,

el hielo de los vasos provenía

de una lejana nieve, nuestra y única,

mis manos migratorias se quedaron

a vivir en tu tierra más profunda

y en mi boca, de siempre descontenta,

dimitían de pronto las preguntas.




Presenciadas por dos cambian las torres,

la muerte aplaza sus gestiones últimas

y estar vivo se agita y condecora

igual que el mar sin árboles ni tumbas.

La muerte es como un libro o un espejo

donde uno mira y mira sin ver nunca.

Ven cerca. Más. Que entre los dos no quepa

ninguna muerte ni ninguna duda.

Te hablo desde febrero y desde siempre:

sabemos del amor por lo que alumbra,

por lo que tuerce y acrecienta y rige,

por su forma de andar en la penumbra…




Y así, sobre semanas perseguidas,

izamos con esfuerzo nuestra luna.

Manuel Alcántara

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Telegrama a Bécquer

Mis cuentas no están cabales:

me falta una golondrina

y me sobran tres cristales.

Manuel Alcántara

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En busca de una persona

En busca de una persona

he sido por las calles

con perros y con palomas.




La he buscado por el parque,

detrás de cada palmera

y en cada hueco del aire.




Cerca de la catedral

y en el humo de los barcos

que se acaban de marchar.




Cien ojos por la Alameda

—en busca de una persona—

y mil pasos por la acera.




Llego de noche a mi casa.

Los perros y las palomas

me están mirando con lástima.

Manuel Alcántara

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Al final de la acera está la orilla

Al final de la acera está la orilla,

la luna de los barrios en las calles

y revuelto el estaño de los peces

que no quisieron nada con el aire.

(Con otros labios y con otras manos

iría yo por esta misma calle).

Los sigilosos gatos del salitre

saltan los límites del rebalaje.

Chillan los niños. Chillan los geranios.

Y la ropa tendida va a acostarse.

Tiene el mar una cita como siempre

y no quiere llegar mucho más tarde.

Al final de la acera está la orilla,

la calle blanca es casi navegable

y el tiempo en Málaga no ignora nunca

que tiene mucho tiempo por delante.

Eso es todo. La luna de los barrios

que van a dar al mar, que no es de nadie,

los gatos del salitre por la noche,

en la frontera azul del rebalaje,

y el metal de los peces que murieron

donde aspiran las olas a quedarse.

(Con otros labios y con otras manos

iría yo contigo por la calle

pero lo mismo que este mutuo día

es sabido, de pronto, que ya es tarde).

Eso es todo. La mar de puerta en puerta,

la biznaga lunar en su alto parque,

las candelas de agosto en los espetos

y el corazón al cabo de la calle.

Manuel Alcántara

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Mira qué cosa tan rara

Mira qué cosa tan rara

pasé la noche contigo

estando solo en mí cama.

Manuel Alcántara

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Una vez más, reaparece

Una vez más, reaparece

el día de ayer, ya dado

por muerto y enterrado.

Otra vez desaparece




el silencio y me amanece

otra vez a nuestro lado.

No sé si será pecado.

A mí no me lo parece.




En este día cualquiera

párate a ver cómo canta,

antes que me vaya fuera,




mi corazón en tu mano

y tu boca en mi garganta

por la mañana temprano.

Manuel Alcántara

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