Escritores noveles

Fundación Manuel Alcántara da la oportunidad a escritores noveles de dar a conocer su obra en nuestra página Web.

Para ello Fundación pone a vuestra disposición esta sección donde se harán visibles vuestras obras. El género es libre: cuentos, poemas, artículos periodísticos…

Si quieres mandar tu obra para que aparezca en esta sección, pincha AQUÍ

Se prohíbe la reproducción total o parcial de las obras aquí mostradas, sea cual fuere el medio, electrónico o mecánico, sin el consentimiento por escrito de los autores y Fundación Manuel Alcántara.

A

Andrés, Aarón

C

Caballero, Francisco Félix
Campos Morales, Pedro
Carmena, Pablo
Cortés Centeno, Simona
Cuéllar Escalante, María

D

Díaz Pérez, Francisca
Donate González, Carmen

F

Fernández Pantiga, Marta
Freijanez

G

García Ameijenda, José Luis
Gracia Escarp, Carlos

H

Hernández, Simón

L

Lara, Esther
Lindell

M

Manganelli, Sergio
Marín Giráldez, María José
Martínez García, José Manuel
Mendoza, Angeles

O

Obradors Corujedo, María Victoria
Otero, Carolina

P

Pantiga Bilbao, Begoña

R

Rosas Solís, Miguel Ángel

S

Salazar Rodero, David

T

Torres Gómez, Carlos Alberto

V

Valenzuela, Lorenzo
Varea, María
Vergara, Isabel
Villalobos, Cristóbal


Suite elegíaca / La Venus del espejo

Aarón Andrés

(Castellón, 1972)”Nací en Villafranca del Cid (Castellón, España) el 17/05/72 pero resido actualmente en Castellón. Soy licenciado en Derecho por la Universidad de Castellón. Acabo de publicar en la revista literaria digital Letralia mi poemario El Helicón vacío (01/04/2013) También he colaborado con la revista digital Ariadna y con el periódico de poesía de la UNAM”

Suite elegíaca

a la memoria de Ana Frank

1. Mariposa

Recuerdo un primer verso con tu nombre,
a tus silencios libres como esporas,
que estabas abstraída, toda en vilo
y no eras luz, tus alas eran otras,
cerviz al viento, idea que se posa
por eso, sí, llamarte fue sencillo.

Ensueño y ave y sobriedad y nota
y todo el mar de una ilusión de bronce.

2. Oscuridad

En la mitad del alba
solo el verso.

De lámpara el umbral,
la sierpe soleada
del secreto.

Del ascua las escamas,
la muerte de los dedos
y el afán.

Y en la mitad del alba
solo el verso.

3. Luna

Como un árbol herido que frecuenta sus hojas
o el numen del titán que apenas duerme
bajo la quilla dulce de los barcos
atisbamos la paz redondeada
que navega los sótanos.

Observamos la lluvia. Imaginamos
que las voces se orean
y empapada de espera
como siempre
la mirada nuestra se desdice y roba
una lágrima al día.

Su rocío se pierde como un grito
de oropeles alados.

Y recuerda al aire.

4. Diario

Es como verterse,
como alumbrar racimos.

Tan levemente que abriría océanos
a una razia de escarchas absolutas.

Apearse del todo
y gobernar un Neptuno de páginas
sin mentar otros súbditos que el verso.

Liberar esa sombra. Esa tuya.
Sí. Despertar con la musa del sueño
hoy. O morir con los labios escritos
en un día sin márgenes.

Es la mejor de las mareas tristes.
Se parece a tus párpados,
a una muerte inexacta,
una aurora con dedos.

El amor es una verdad redonda
que acaricia la agonía del mundo.

5. Nana

Antes que el Sol te arrope con la túnica
de pavanas descalzas
y los dedos te señalen madura
como ramas de cisne.

Que entregada al recuerdo de los pájaros
te sepulten las alas
poco a poco, sin dolor o la estela
de otro mar a sabiendas.

Antes que envuelva la melancolía
alambradas de plata
duerme en mi alma, duerme.

6. Oración

Al ultramar también de los silencios
para los tuyos
vuelve.

Vuelve
al mito de los falsos minotauros,
diezmados laberintos de la idea.

Para el verso de Ulises tras Ulises
y el error de saberse como el eco.

Vuelve
a las vacías garras, los anónimos,
discretos vellocinos para siempre
y al ínclito diván de los instantes
donde reúne Homero los espejos.

Ciudadana febril, a la esperanza
de los muros apenas. A tus palabras.

Con las moradas
¡vuelve!

La Venus del espejo

Pese al trasluz también, con el silencio
posa la tez austera, desmarcada
y es tal la sencillez, tal que la calma
ya no desea ser sino reflejo.

Tanta es tu paz, hueste tan clara.
Todo es pudor de más, sombra del lecho.
Como un poema fácil de tu seno
libras el rito absurdo de las sábanas.

Cadencia somos, diapasón que mana
y el gozo al tacto como al cabo el éter
es la mitad de un vendaval perfecto.

Un solo vendaval y dos que acaban
vistiendo de sus almas el urgente,
ajado corazón hasta los huesos.

(Aarón Andrés)

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Olas/ ¿Para qué quieres el alma?

Francisco Félix Caballero

(Málaga, 1984) Ha publicado en 2015 su primer libro, el poemario La resurrección de los muertos(Éride Ediciones). Con anterioridad, ha participado y publicado versos en diferentes ediciones del Cuaderno de Profesores Poetas organizado por el I.E.S. Giner de los Ríos de Segovia. Es Licenciado en Matemáticas y Doctor en Estadística. En su trayectoria profesional, se mezclan investigación y docencia, y la participación como co-autor en diferentes publicaciones científicas. Trabaja en el campo de la investigación en Biomedicina y Ciencias de la Salud. La resurrección de los muertos es un libro que habla de la dicotomía existencial que conforman vida y muerte, hilvanando una serie de historias en las que sus personajes se enfrentan a sus propios temores y fantasmas, con el trasfondo a veces de una comprometida realidad social. “Olas” y “¿Para qué quieres el alma?” son dos poemas inéditos que aparecen publicados por primera vez en esta página.
Ficha Técnica “La resurrección de los muertos”
Reseña de “La resurrección de los muertos”
Entrevista con el autor

Olas

La lluvia, el mar, la soledad,
el cielo púrpura, las olas,
la tierra prometida de otro amanecer
enterrado entre las sombras.

El viento, una canción, un ademán
de rasgar el aire con los dedos,
el sonido efímero de la gravedad,
la voz desnuda y ronca del silencio.

Olas que vienen y van
al compás del suave Sol de mediodía.
Olas que se funden con el cielo
en el crepúsculo de la tarde.

Olas que vienen y van,
meciendo un sendero que nunca termina;
ríos de gente buscando algo en que creer,
una sonrisa que les devuelva la vida.

Olas que vienen y van,
castigando ilusiones.
Barcas hundidas,
cuerpos sin nombre.

¿Para qué quieres el alma?

Negociando madrugadas,
con la Luna por testigo
me encontré
a la orilla de tu ombligo,
sin más luz que la que alumbra
esta ciudad.

Tú no estás
y nunca has sido
mucho de soñar,
pero quiero que me digas
de qué te sirve tu cuerpo,
para qué quieres tú el alma,
para qué tus ojos negros
si no hay nada que mirar
más allá de las ventanas
que el tiempo olvidó cerrar.
Para qué quieres tus labios,
si los besos que no diste
se perdieron
en el fondo de algún mar.
¿Para qué volviste
a pedir perdón?
¿Para qué,
si no te vieron?

(Francisco Félix Caballero)

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Cese tu baile/ Tu visita, niña

Pedro Campos Morales

(Málaga, 1968)”Ingeniero informático, hoy se gana la vida como funcionario del Ayuntamiento de Málaga. Tiene inéditos un puñado de relatos, algún guión y un par de novelas y, sobre todo, poesía.
Su poema Cese tu baile resultó ganador del primer premio del IV Certamen Internacional de Poesía La Lectora Impaciente 2006, y fue publicado por la editorial El Taller del Poeta en la antología titulada Frente al Mar. Otro poema, Rutinas, fue seleccionado por la Universidad de Alicante para participar en el V Encuentro de Anuesca, en El Campello, a beneficio de Médicos Sin Fronteras. El poema Tu visita, niña resultó finalista en el III Concurso Literario Fiesta Mayor de Gracia, en Barcelona, y el relato El ruido, finalista en el I Premio de Relatos El Espejo Roto, organizado por la editorial Jirones de Azul, de Sevilla. También obtuvo el 2º Premio en el IX Certamen de Relato Corto Huétor Vega Gráfico, organizado por el Ayuntamiento de esta localidad de Granada, con el relato Desconocidas, así como el 2º Premio en el IV Concurso de Fotografía Correos-Western Union, con la foto titulada Música en el Parque Güell, mostrada en una exposición itinerante que recorrió las ciudades de Madrid, Valencia y Barcelona.

Algunos de sus poemas han sido publicados en revistas literarias: The Big Times, producida en Puerto Rico; Almiar – Margen Cero, en el primer número de Mar de Poesías (marzo-abril/2007); Arponeros Melancólicos, bitácora literaria; revista Gibralfaro… Y en papel, en el primer número de la revista Y Latina de la Asociación de Escritores Noveles (AEN)”

Cese tu baile

cal viva sale de mi ducha
delgadas agujas brotan en mi cama
se arrugan los espejos ante mi imagen
arden las sillas bajo mi peso
permutan sus puestos las hojas de estos libros
el peine lava sus dientes
los platos tiemblan mi comida entre las uñas
caen las persianas se adhieren los cajones
bailan las mesas aplastando mis pies
me guiñan los retratos un alarido el teléfono descolgado
las paredes manantiales de parvos monstruos
los suelos fuentes de gases viscosos
gusanos los cigarros muerden mi garganta
cojines de granito se estrellan entre sí
entre las cortinas risas de vecinos
por los discos pasean sonrientes granos de azúcar
junto al crucifijo desentumece jesús sus brazos
tras las puertas del armario ruidos de selva
en el cubo de basura lloran niños
corre la nevera continuamente al inodoro

salgo de mi casa y lo anuncio con un portazo

————————————————-

dos hombres alternan su amor por una vaca
arrebata el viento una tienda vetusta
moralizan los niños con caramelos de cicuta
llueven vehículos sobre bocas abiertas
lucha libre de mujeres en estiércol de colores
aplastan globeros los globos resbalan sobre monedas los mendigos
se sientan en los bancos y sonríen los dementes
defecan las putas sobre clientes imberbes
derrapan peatones por encima del límite
tras los escaparates madres medrosas devuelven sus hijos a sus vientres
carreteras empaquetan edificios
los camioneros aparcan en las camas de los barrios más pobres
retales tintados sobrevuelan escupiendo metralla
el que no se entretiene en descubrir bajo baldosas billetes de lotería
incrusta los dedos en sus sienes y así camina orgulloso
en las cabinas bocas devoran orejas que piden cambio a voces
traviesas líneas blancas saltan bajo mis pasos
pletóricas alcantarillas se vuelcan sobre mi melena
zarzas las paredes de las calles estrechas
torres las aceras árboles tosen muñecos de plastilina en féretros carbónicos

me muevo a grandes saltos como quien baila sobre brasas

————————————————-

reparten castañas en la oficina de empleo
soldados de plomo en las paredes enmohecidas de las galerías de arte
dedos obscenos tras las rejas de clausura
astronautas iraquíes colgados de las almenas de los castillos
giróvagos tetrapléjicos oran a las puertas de los prostíbulos
poetas desesperados roen celosías en los confesionarios
musarañas en los pechos de espectadores en los teatros
en los techos mullidos matojos en los servicios
cieno en parques carne en avenidas sangre en las buenas familias
andamios y taladros en la arena de las playas
y cabalgadas y casinos y corderos en sus aguas
oh, Terpsícore, llévame a las alturas
transpórteme tu danza a las montañas
donde dormitan culebras zarandeadas por
por el soplo furioso de erizados camaleones que
que reflejan la luz de los sapos en sus nidos sobre
sobre rostros crispados de hormigas que ventosean sus
sus paupérrimos pétalos que desfilan rellenos de
de arietes adosados a secos caracoles planos junto
junto a incendios beodos devorados por pálida simiente de grillos con
con salpicaduras de aceitunas ociosas que caen a
a embudos simulados como aves espinosas atraídas hacia
hacia cardos masticados por cerdos con corbata

que arañan mis huesos mientras besan mi cordura

Terpsícore tengo sueño cese tu baile

Tu visita, niña

Romper los huesos
desmenuzar las rodillas
dejarlas caer que
caigan una y otra vez
en el asta de sus banderas
Dar piedra a los sesos
esparcir
sus senderos dar con ellos
alimento a los perros
Meter en la boca culebras
niña
hacerlas bailar con enagüillas
y que apaguen mi sed
con la sangre en sus colmillos
Rodear con un saco
de gusanos la cabeza
pero antes
vaciar a cornadas las pupilas
que puedan detener su avance
Y extraer a navajazos los gases de mis tripas
comerme a bocaditos mi lengua paladar y dientes
trocear a pulgadas cada uno de mis miembros
Y acercar
niña
a mi oído tu fuego
hasta oír
el crujir de mis sentidos
Y hundir la nariz en el infierno y
arrancarme con suavidad la piel
para después
si quieres niña
coserla con palabras
Y hurgar en mi frente y hacerla girar
ser cuerdo pendenciero, derrotista, guerrero, no
no ser más lobo y sí perro
serpiente si tú me pisas
rata si me envenenas cordero si tu mano me esquila
león por ti domado
niño que acunas
desprecias
golpeas
Y hacer esto y ser aquello
y serlo y hacerlo y no dormir
hacer aquello y ser esto y luego sanar
y volver a ser y hacer
niña
para que tú
repitas tu visita.

(Pedro Campos Morales)

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Cuando aparecen/ Luna (o loca noche de amor)/ Charlatán

Pablo Carmena

(Málaga, 1960)

Cuando aparecen

Un día ella o él aparecen,
sea en una reunión,
por el pasear de la calle
o, en el azar de un instante.

No se sabe bien de donde,
ni tampoco porque,
pero se produce un hecho incontestable,
que de la nada emerge
súbito, inmediato,
la sensación de que, ese que aparece,
es inigualable,
de que después de ahí,
ya nada te será igual que antes.

Y sientes que parte de lo que justifica tu vida
lo tienes a tu lado,
que parte de los sueños, soñados,
por tu piel están brotando.

Te apresuras a desplegar el mantel,
sobre la mesa,
depositando sobre él,
tu despensa,
esperando que sea suficiente seña,
que ese trozo de trapo
se convierta en mitad,
parte de la otra parte de una quimera
hecha realidad,
que el tiempo no sea oro de apremio y urgencia,
sino complicidad y vida,
la puerta del jardín,
el manantial que no cesa,
la noche de verano con brisa fresca.

Y cuando ellos aparecen,
tu, ¡cuanto deseas…!

Luna (o loca noche de amor)

Eran la diez,
Las diez eran,
encuentro previsto,
palabras perdidas,
tus ojos en los míos.

La luna queda fuera.

Eran la diez,
las diez eran,
tu boca solícita,
abriendo tus puertas,
tu gesto vahído,
mi alma encendida.

La luna pasea, pasea.

Eran las diez,
las diez eran
tu suave tacto,
mi lenta caricia,
tus labios, los míos.

La luna escondida tras los visillos.

Eran las diez,
las diez eran,
tu aliento y el mío,
mis ganas abiertas,
tu vientre de rojo vivo.

La luna celosa de nuestro brío.

Ay! noche de delirio,
ay!, noche perfumada,
ay!, noche cabalgada,
ay!, noche engalanada,
ay!, noche de estío,

la luna se muere por mi amor ofrecido.

Eran las diez,
las diez eran,
mis ganas de hembra,
tu ser estremecido,
tu alma venida,
los dos dentro del mismo.

La luna que llora, llora de frío

Aquella noche
de tiempos suspendidos
quebrase y quebrase en mil destinos.
La luna se aleja, la luna abandona.
Eran las diez,
las diez, eran…

Charlatán

Hay quienes dicen que soy charlatán
y quienes me llaman cuenta cuentos,
porque miro a la luna
y le pongo un sombrero,
al sol que calienta
le quito el brasero,
y a la estrella bonita
que tilda el cielo
le cambio el color de su espejo.

Hay quienes me dicen charlatán,
porque al viento y su caricia
le pongo un velo,
y a la flor que se asoma
la escribo de terciopelo,
porque a la mariposa
que volando surca el cielo,
traslado con un poco de tinta
y mucho tiento,
al corazón, al alma y hasta al pelo.

Hay quienes me llaman cuenta cuentos,
porque cojo a las nubes y sus firmamentos
y hago para los niños camas de sueños.
Cojo a las hadas y todos sus séquitos
Y los llevo en un papel por el parque de paseo.

Me gusta ser charlatán
y también cuenta cuentos
porque canto al amor
y también al sufrimiento,
le canto a la vida
y también a sus acontecimientos,
incluso a la luz que en el agua se rila
de argenta y cristales el traje le prendo.

Pero cuando más me gusta,
que esto me digan,
es cuando me miran
y me dicen eso,
porque tras esos ojuelos,
expresivos y expectantes,
allí donde habitan los mares bellos,
es donde están todos los cuentos.

(Pablo Carmena)

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El origen/ No puedes negarlo/ Romper con el pasado

Simona Cortés Centeno

(León, 1992)

El origen

Recuerdo aquel día
Frío y vacío
en el que el destino me dejó sin cobijo
Fuerte llovía
y siete años tenía
con mis propias manos
en la arena escribía
cuando sola me sentía

Esto fue el inicio
de esta mi alegría :
la Poesía.

En ese instante no me reconocía
Era una parte de mí que desconocía
No entendía lo que me impulsaba
a sentarme bajo la fría lluvia
y así cobijarme del mundo en el que vivía.

No puedes negarlo

Pensamientos y sentimientos prolongados
se cruzan en el camino del dolor
dolor que no cesa porque nunca has mostrado
la caja de tu arduo corazón
Márchate
déjame
no pares mi felicidad
no alargues la agonía
Tengo que vivir
aunque sea lejos de ti
Quizás sean suposiciones
intuiciones
Quizás veas sentimientos y querer
porque mi cerebro no puede estar sin él.
Quizás nuestros caminos nunca se han cruzado
quizás se han separado
quizás nunca se encontrarán
Sé ciegamente que un día
nuestros sentimientos se encontraron
y nadie puede negarlo
ni si quiera tú.
“Quizás todo fue un sueño”.

Romper con el pasado

Ha conseguido romper con él
y sentir que nunca volverá a sufrir
Tiempo le ha costado
sufrimientos guardados
lágrimas ha aguantado
para que no viera
lo que su corazón latía
Amigos son
porque el pasado les marchitó
en el presente solo quedan resquicios de su amor
y quizás así sea mejor
Eres la luz que brillo
pero ya se apagó.

(Simona Cortés Centeno)

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Las manzanas/ Málaga en Semana Santa

María Cuéllar Escalante

(Málaga. 1969)

Las manzanas

Las manzanas de mi huerto
no son rojas, no señor
que tienen color de muerto
porque les vino un ciclón.

Se asustaron, pobrecillas,
como lo hubiere hecho yo.
Ahora saben a arenilla
porque les vino un ciclón.

Málaga en Semana Santa

Comienza a oler en mi tierra
a incienso y velas quemadas,
el mes de marzo se cierra:
empieza Semana Santa.

Los tambores y trompetas
de las bandas musicales
repiten año tras año
sus marchas habituales.

Y toda Málaga sale
a ver tronos como siempre,
arrastrando por las calles
las penas de los creyentes.

(María Cuéllar Escalante)

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Volcanes se funden en mi mundo

Francisca Díaz Pérez

Volcanes se funden en mi mundo

Volcanes se funden en mi mundo
como tormentos entrelazados
surgiendo entre tinieblas
que arden en un fuego titánico,
alucinógeno.

Nada parece lo que es
todo es difuso, opaco
pero son crueles realidades
posesos de una psicosis
terrible.

Pesadillas que despiertan un sueño
no estamos en primavera
cuando la vida amanece
el otoño invade esos rincones olvidados
comienza a anochecer.

Y de pronto una estrella
agregada a mi espíritu
derrite todo lo que pienso.

Entre mi cuerpo y el tuyo
existe la distancia más cercana
aquella que no se alcanza.

(Francisca Díaz Pérez)

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Los necios / El intruso

Carmen Donate González

”Me llamo Carmen Donate González, tengo 55 años y soy ama de casa. He sido lectora desde niña pero nunca pensé que tuviera capacidad para escribir, sí para expresarme de forma correcta, eso no presenta ningún problema, pero no para ser capaz de darle vida a lo que cuento. Mi hermano murió hace poco, prematura e inesperadamente, me siento en la obligación de resguardar para sus hijos y los míos la memoria de nuestra familia, porque no queda nadie sino que la pudiera contar. Al comenzar a escribir he notado, para mi sorpresa, que si puedo hacerlo, que soy capaz.”

Los necios

Los fatuos petimetres, los necios engreídos
Que importantes se creen porque ocupan un puesto
En algún consistorio, van con afán molesto
Fastidiando en su empleo a currantes honrados.
Piensan que les respetan sin advertir que todos
Servilismo les muestran por el cargo impuesto
El respeto ignoran a pesar del mucho fasto
Porque nunca tuvieron, solo ven sus remedos.

Jamás sin cortesía lograrán continuar
De nuevo en el cargo, es muestra de cultura
La educación usar y así poderlos valuar.

Tarde entenderán, al fin de la legislatura,
Que empleados nuestros son, no podrán actuar,
Se verán sin empleo al fin de la aventura.

¡Qué fácil es describir a un necio!
Necio es el que no respeta los años
Necio es el que no respeta el talento.

El intruso

A Ramón, mi hermano.

Los dos hemos vivido idéntica experiencia
Invadidos por igual por oculto enemigo
En nuestra carne latió el signo de su existir.
Comensal no invitado al festín de tu carne
Intruso silencioso que te robó la vida.
Comensal no invitado al festín de mi carne
Ladrón inoportuno que desea mi savia,
No conseguida al fin, de manera fortuita.
Mano firme lo asía, al romperse mi piel
El bisturí empuñado con destreza extremada
Le ganó la batalla al cáncer escondido
Que oculto en mi garganta acechaba al descuido.
Tuve más suerte que tú, le gané el asalto.
No sé por qué tiempo ni cuando regresará
Una cicatriz luce desde entonces mi cuello
Como recuerdo vivo de su real presencia.
Siento que no pudieras, como a mí me sucedió,
Liberarte del trozo de esa carne infectada.
¡Que perdieras la vida, hermano, en el intento!

(Carmen Donate González)

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Te escribiré

Marta Fernández Pantiga

(Avilés, 1965) “Nace en Avilés (Asturias) el milenio pasado, en la actualidad vive en Tenerife por causas afines a su voluntad. Saxofonista en Valencia, restauradora de antigüedades en Barcelona, profesora de restauración en Asturias, escritora artesanal en Canarias, peregrina residente de toda España. Empezó a escribir cuando aprendió y ya nunca más lo dejó.
Tiene cuentos editados en libros colectivos,“365 contes Un any de contes”, “Bocados sabrosos 2”, en poesía, “Poemas a medida”. Y en solitario el libro “5.957 Palabras ordenadas”. Colabora con revistas virtuales, como el magazín cultural zK 2.0, y es redactora de la revista virtual Magles. Forma parte de Ediciona, y de la Red Mundial de Escritores en Español. Se declara díscola de sí misma y escritora manierista.”

Te escribiré

…Y cuando te quedes dormida, escribiré sobre tu espalda, “es el amor, el que nos salva”, para que puedas leerlo, sin abrir los ojos.

Escribiré con mis dedos el poema de amor que me pediste.
Me acompasare a tu latido, mientras trazo el recorrido de las letras sobre tu piel, cumpliendo fiel, el rito de amor de todo poeta.

Mientras sueñas, mis dedos serán la pluma que deje sin tinta un eterno “te quiero” sobre tu cuerpo.

Terminaré el poema antes de que despiertes, lo firmaré con un beso, para que lo guardes en las calles de tus sueños junto con mi amor secreto.

Y por si acaso te movieras, y desviara alguna letra, lo lacraré con mi abrazo y así cuando despiertes, si no estoy a tu lado, sientas en tu cuerpo el amor que me ata a ti, con invisible lazo.

(Marta Pantiga)

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¿Qué será?

Freijanez

“Nacido en Ceuta. He vivido en Málaga, Madrid, Barcelona, Lovaina, Bruselas, Valencia, Sevilla, y he visitado un gran número de ciudades. Actualmente vivo en Málaga, bajo un magnífico sol, a veces muy agobiante, y muy cerca del mar. Cursos de arte en la Escuela Central de Arte de Bélgica. Cursos de pintura en la Escuela Massana de Barcelona. Curso de Raku en la Escuela Central de Cerámica de Madrid.” www.freijanez.com

¿Qué será?

Es un grito metafórico de amor desesperado,
una danza de ramas al sol centelleante,
girando y girándole al cielo profundo.
O es un mar boca abajo plagado de estrellas
milagrosamente sostenidas
en un fondo inescrutable
de insondables lejanías.
Son honduras sin distancias y sin tiempo ni lugar,
frondosas ramas de hojas,
áureas,
que siempre se separan y vuelven siempre saltando
piruetas de alegría con zapatillas de punta
de infinita y de cromática
voluptuosidad.

Su fin es gozar deleitando,
sentir de paz y sentir de sosiego plenos
su pecho descansado
y compartir
con quien quiera apreciar
cómo cesa el sufrimiento,
por un momento,
por dos momentos…
por más momentos.
Sedante para la prisa
es como un hombro donde poner
donde alojar y dejar
todos los desgarros
y todas las heridas propias
y todas las cuitas ajenas
durante un tiempo de luz
más dilatado,
más aprendido,
menos obligado.
Es un perdón disfrazado,
un amar en silencio,
un mar en solemne quietud,
océano enamorado,
¿cabe océano en amor grande?
Un nexo de unión milenario,
una fusión
del que nace y del que muere a un mismo tiempo,
un eterno y paciente retorno por siempre,
escondido en las texturas y vestido de
formas sutilmente cándidas,
nunca ingenuas,
y amablemente coloridas.
Un incesante continuum
de metáforas facilitadas,
sin letras y sin sonidos,
mediante decididas y generosas traducciones plásticas no más.

No es necesario buscar, ni esperar,
ni entender,
absolutamente nada.
Basta con sentir el instante,
sobra con dejar llevarse
por el ritmo y por la luz.
por la noche y por la sombra
e intentar la mente en blanco
para cada cual pintarla con los
efectos cromáticos
que de la retina llegan.

Relax,
relax.
Todo estaba, y todo seguirá.

Pero él se mantiene un tiempo, ¿mil años?,
Muy quieto en algún lugar,
bañando visiones,
deleitando almas
con sus colores,
con sus formas suaves no aprendidas,
no doblegadas,
nunca forzadas,
sueltas, libres, celestes, vibrantes sin voz,
juiciosas sin ruidos,
siempre dispuesto al abrazo y al beso,
anfitrión de prudencia y mesura
señor del comedimiento
y siervo
que no requiere agua,
y ni siquiera pan pide.
Y a cambio de un plumero cuando pueda ser
pasará quasi inmutable y bello
al derredor de un milenio
sin insinuar siquiera una sola pincelada de reproche.
Siempre esperando a que llegues,
amigo leal, magno compañero,
instrumento para apresar el poquito de amor que se sienta
y no vuele y se desvanezca,
para retenerlo un instante más
y otro más,
si se puede…
para cultivarlo,
para transformar paso a paso la química de los cuerpos…
para intentar ser mejor cada día.

(¡cómo me acuerdo del joven amigo de infancia!
¡Está ahí, a la vuelta del ojo, detrás de mi ceja derecha!
¡Siempre presente en mi mente su carita cándida!
No hay lugar para él entre nosotros
desde ya muchas décadas de lejanías,
ni tampoco lo habrá para este autor
mañana,
muy pronto,
mañana,
un mañana que fue
siempre,
eternamente siempre,
mortal e inmortal
y eso a un tiempo.
¡Qué luz y qué precipicio!)
Mas este dolor es privado.
Dolores entre paréntesis.

Hablamos de dar
y de recibir amor
con las sombras, con la luz, con las texturas, con las escalas cromáticas
combinadas, con los horizontes de perspectivas, con los claroscuros… con el
sentimiento…
sin censura alguna,
sin ningún reproche
sin llevar
ni una sola nota de dolor
a los corazones
ya harto acribillados.
Un tiempo de respiro,
un guiño a la serenidad,
cómplice de la belleza,
oh tú,
expresionismo lírico.

(Freijanez)

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Glenn Gould/ Tomás Luis de Victoria

José Luis García Ameijenda

“Vivo en Málaga pero he nacido y siento ser de Madrid. Tengo 32 años, soy Licenciado en Economía y terminaré el año que viene el Grado en Historia del Arte.”

Glenn Gould, el primer artista del siglo XX. Parte 1

Glenn Gould no estaría en absoluto de acuerdo con las palabras que a continuación leerán sobre el significado confesable de su obra, sobre su manera única de entender la música, sobre su modo desarmónico de comportarse en público; pero la verdad es que no tendremos demasiado en cuenta su apreciable opinión de artista cuando quisiéramos no errar en la nuestra. De los genios no hay que escuchar demasiado sus razones, son sus ejemplos los que han de revelarnos los toscos fragmentos de la verdad.

El arte de la música encandila las almas de los hombres aprovechando el desasosiego que éstos padecen, dejándolos cómo más acabados de un sentimiento calmo que no termina de completarse en ellos. No buscamos la música para relajarnos, la deseamos en el acto libre de ejercer lo humano.

La audiencia de la música de Glenn Gould nos permite entender el significado de la verdadera cortesía como ningún otro manual de comportamiento podrá hacerlo jamás.

Glenn Gould ha sido el músico más importante del siglo pasado. Su personal manera de sentir la música lo tuvo alejado de cualquier hombre que pretendiera juzgar o tocar el piano con seriedad; y sin embargo nadie ha sabido doblegarse mejor que él a los sentimientos diferentes que los compositores han contenido en la música. Ese reblandecimiento mental, que no es otra cosa que madurez, le permitió entender la obra de aquellos otros músicos como ningún otro hombre lo hubo hecho antes que él, elaborando las soluciones artísticas más elegantes sobre las obras acabadas de los mayores genios de la historia del arte, como si éstas no tuvieran todavía su forma rematada, como si cobraran vida o pulimento en un corazón distinto que las cuide y las entienda. Los compositores no habrían podido imaginarse las consecuencias últimas de sus propias obras como el hombre es incapaz de valorar sin la ayuda de los demás la belleza que viste y cuida en sus actos. Por eso necesitamos de alguien cercano que nos estime sin cuidarse de lo que seamos, y que sin embargo nos quiera por que nos comprenda mejor que nadie. Es éste el amor que guía al intérprete por la obra del compositor; el único amor verdadero por cuya culpa y sentido hubo de que quedarse Glenn Gould sin amoríos.
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Oficium Defunctorum. Tomás Luis de Victoria.

Es la música de Victoria el arte más consumado de lo español, la experiencia estética más sobresaliente de la música religiosa. Nada ha de envidiar la monotonía consentida de este religioso al mejor arte de Bach o Beethoven. Damos un paseo por el sentido y la escucha sentada del Renacimiento musical.

Tomás Luis de Victoria hubo de aplicarse, como quien le cerca la vida en ello, en el recorrido descanso de la música. Sin salirnos del sentir de su música nos queda lo que pudo quedarle a él después de toda una vida, insatisfacción serena que se nubla sin fuerza, pero que en su despedida sonríe de la más débil manera.

Si no hubiera tenido tiempo para componer el Réquiem de 1605 no sería el mejor músico de todo el Renacimiento. Es, sin duda, el primer artista español, mas su música no es capaz de evocarnos en ningún momento la condición de lo español. En el carácter de su música no puede hallar el español nada que alzándole le represente, que lo encuentre a toda oscuridad entrañable y lo llene de un calor significativo, hogareño. En su música se encontrará el hombre con la endeble tolerancia de haber nacido.

La época de Victoria ha quedado tan lejos para nosotros, que sus vestigios culturales no pueden ofrecernos hoy en día el sabor de lo cotidiano. La verdadera influencia de la cultura se siente en las costumbres de la calle, en el lenguaje que inventa un pueblo, en los asuntos que discuten a voces las personas de un lugar, en el uso que se le dan a los más nobles edificios de una ciudad, en los aspectos y vestimentas que traen o guardan las gentes; pero sobre todo en el trato y la cortesía que se ofrecen los hombres unos a otros. Porque el influjo de las artes ha de revertir en nuestro cuidadoso comportamiento con los demás.

La época de Victoria se nos esconde en las obras de arte que nos han llegado, que nos sirven más a nosotros y a nuestro mundo que a entender el de aquellos hombres que nos precedieron. Queremos recuperar lo que las artes dieron, queremos entender las vidas que las trabajaron, mas todas ellas nos acabarán remitiendo a nosotros.

El teatro de barraca conseguía instruir al pueblo mientras hacía feliz por unas horas a un público alborotador. La arquitectura aglutinaba la fe sincera entre las bancadas de hombres reunidos, que de mirar al cielo y escuchar en silencio ignoraban los dibujos bellos de los suelos; la palabra del órgano coloreaba la austeridad de las historias del Antiguo Testamento.

Nuestra literatura radiante estilizaba el humilde pensamiento del español de la calle, por lo menos de aquel que tenía la costumbre de hallar de comer a diario, cuya significación y magnitud no pueden representar, ni mucho menos comprender, los pocos genios de una generación. Los cuadros pintados, los relieves tallados de las iglesias, las más de las veces, no podían apreciarse desde las alturas que las sujetan, o por hallarse escondidos en los lugares cercados al público, mucho menos las expresiones serenas de esas figuras, que nacen y quedan como vueltas de gracia, caídas sus manos esperando la clemencia de quién las atienda porque estén más dolidas que ellas. El desarrollo de la artes va demasiado ligado a los disparates de la guerra, a los excesos de la fuerza, al optimismo y la fortuna de unos, a la prosperidad ciega de los pueblos; empapando el germen de algunos observadores cautos y silenciosos, que por miedo o amor a la vida, huyen dormidos, y mientras se imaginan lo peor engrandecen su sensibilidad. El estado de perfección será entonces la serenidad que no encuentran.
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(José Luis García Ameijenda)

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Al andar contigo

Carlos Gracia Escarp

(Barcelona, 1967) “La poesía es la forma de expresión artística con la que intento acercarme íntimamente a todo cuanto me seduce en la vida, la poesía hace que me sienta más vivo y al fin en plenitud personal.”

Al andar contigo

A Manuel Alcántara, poeta de Málaga

Te presentí entre los montes,
Verdes bulevares de tu emoción,
En los olivos y a veces en algún ciprés,
Cercana a la caricia tu mano,
Cosecha triunfal y viva tus poemas.

Me gustaría pregonar a voz en grito
El néctar oculto de tus versos,
De aroma embriagador biznagas,
A menudo tu verso parece decir:
Adiós, adiós a las horas amargas.

Tus mares del sur fueron albur
En las derrotas de tus sentidos,
Sabías ya antes de escribir
De la tinta reseca en su azul
Y también del porvenir…

Intuyo hoy y leo en tu paisaje,
Reino dulce del alcor,
Las batallas leves no olvidadas
Entre aromas a tomillo
Y el tic tac de tu reloj infantil.

Leo el dolor de amor cargado
Que guardas en tu bodega,
De tragos buenos, otros no tanto
Y del sabor a domingo en la plaza,
La sal del mar de Málaga y de tu llanto.

Quisiera seguir siendo
Hombre y pie en tu camino,
Andar contigo mientras
Ambos sigamos buscando
Una palabra, nuestra palabra.

(Carlos Gracia Escarp)

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Tarde

Simón Hernández

“El 14 de diciembre de 1991 nace Simón Hernández Aguado, en Carboneras (Almería),hijo de Simón Hernández y Rosa María Aguado. Entre espuma de mar y suspiros de campos se cría el joven poeta en su pueblo de tradición marinera.
Inicia sus estudios en el colegio que por nombre lleva al gran poeta granadino “Federico Garcia Lorca”. Sus primeros versos fluían en sus cuadernos a cuadros a los 10 años, gran culpa de esto tuvo su maestra de primaria María del Carmen. En el instituto de su pueblo que lleva el nombre del escritor Juan Goytisolo realizo sus estudios de secundaría donde fluye con gran fuerza el amor a la poesía, la dedicación plena a su estampa renacida tras unos años por su profesor de lengua Miguel Galindo, que le abrió las puertas al alma de la poesía y de los cantautores que lo llevan a escuchar los versos en la boca de los grandes maestros, entre ellos destacando al gran Paco Ibáñez.

Tras sus estudios de secundaria, inicia sus estudios en la universidad de Almería estudiando la carrera de ADE. Pero en 2010 cambia de rumbo y por gran amor a la tierra de su madre cambia de rumbo y sigue sus estudios en Cartagena, donde su poesía florece pareciendo estar siempre en primavera.”

Tarde

Palomas enlazadas
al cuello de los luceros,
en las fuentecillas andaluzas
juegan las alas del viento.

En la luz muda y dormida
del viejo recuerdo eterno,
nace un ciprés sonrisueño
con el corazón desierto.

Se está peinando la luna
con la sombra de los sueños,
en las gotas de las hojas
calma su pasajera sed el cielo.

Duerme una manta carmesí
la bruma del pétalo seco,
une la noche y la mañana
el perfume de un beso.

Sobre la verde hierba,
bailan el jazmín y el romero,
se enamoran las lagrimas
del vacío de los floreros.

En la falda de las musas,
despierta el frescor de marzo,
van volando mariposas
por las venas de mis manos.

(Simón Hernández)

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Dime algo / Tu sueño

Esther Lara

(Málaga, 1984) “Periodista, escritora y actriz que desde muy pequeña siente una pasión inmensa por la escritura, la expresión artística y la comunicación. En 2014 escribe su ópera prima en el mundo del guión junto con Ismael Rodríguez “El Cuarto Chakra” con el que ha ganado el premio del público en la 18 Edición del Festival de Cine Español de Málaga o el concurso Marbella Crea, entre otros. Tiene en su mano escritos inéditos, poemas, guiones de cortometrajes y el proyecto de un largometraje.
Ha obtenido varias menciones por su trayectoria profesional, como el Premio Málaga Joven al Arte 2013 concedido por el Ayuntamiento de Málaga. Ha trabajado como colaboradora en programas de Canal Sur TV como “7 Lunas” de Paco Lobatón. En 2012 se lanza en el desarrollo de parte de obras de teatro, una de ellas estrenadas en el Teatro Alameda de Málaga, Alameda Up, con la que estuvo siete meses en cartel. Su último trabajo como periodista esta vinculado al Festival de Cine Nuevo Andaluz de Casares de la que fue miembro del Jurado encargándose de parte de la preparación y presentación de la gala de clausura junto con Santiago Ruiz. Para más información sobre su carrera profesional: http://www.estherlara.com

Dime algo

Dime algo que al susurrar en mis oídos
sienta el escalofrío de tenerte cerca,

Dime algo que vibre en mi corazón
para tenerte presente en la distancia,

Dime algo que al soñar sienta
un ápice de tu oxígeno en mis labios,

Dime algo que sacuda de un plumazo
el dolor de tu ausencia,

Dime algo que haga despertar tu eco
prisionero de mi piel,

Dime algo para enamorar en el tiempo
ese sueño que nunca sonará a despedida,

Dime algo y tal vez mi voz sea tu voz en la lejanía,
Dime algo, dime algo, dime algo para que esta soledad
no sea tan solo mía…

Tu sueño

Tu sueño permanece en mí, preso de mí
noche más eterna,
¡letargo de mis pensamientos!
¿por qué no me acompañas en mis desazones?
¿Por qué no despojas mis madrugadas?
¿Por qué no truncas la más íntima
vigilia de mi alba?

Quiero que juntos
miremos al infinito,
revivamos la niñez,
llenemos de flores
los tornados amaneceres
en estos tiempos de tan triste cielo,

Málaga es celosa
de tu hermosura,
el aire se congela con tu ronroneo,
brillan por si solas las riquezas de tus sombras,
¡No me evapores!
cuando las flores bruscamente desvanezcan,
cuando tu mirada llene de melancolía mis lágrimas,
cuando el olvido nos abandone,
mi memoria, algo torpe,
mantendrá eterno en mí,
el más dulce de tus sueños

(Esther Lara)

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Abre los ojos (Open your eyes)

Lindell

“Naci en 1984, en un colegio con el nombre de un escritor costumbrista Malagueño, Arturo Reyes, de allí fui a otro, Salvador Rueda donde conocí a grandes maestros que supieron como motivarme para siguiera por la senda de la cultura.”

Abre los ojos (Open your eyes)

Abre tus ojos y mírate a través del espejo, ¿no te reconoces? Eres tú. Es tu reflejo al que llamas el “otro”. Antes de cerrar los párpados vuelve a mirarlo, atentamente fíjate en su pecho, se contrae y se expande con cada bocanada del aire que comparte.

Ahora que has cerrado los ojos, podrás concentrar toda tu atención en escucharlo. Inténtalo, ¿Crees que son voces extrañas? Entonces me puedes contestar estas preguntas: ¿Cuál es el idioma del llanto de un recién nacido que tiene hambre? ¿Qué diferencia a la sonrisa de una niña que juega aquí a la de una que juega en Nairobi? Son sus susurros y gritos, son sus palabras y silencios que están buscando tus oídos.

El aire transporta, un mensaje déjalo que se propague. ¿A que huele un humano? ¿A Carolina Herrera? ¿Cuántos podemos o queremos oler como Goltier? Deja paso al olor del té, del maté, o del café no lo camufles, no lo disfraces.

Abre tus manos y estréchalas al hermano, no sientas miedo. Manos para cultivar. Acaricia su tez, posiblemente de un color diferente a la de la tuya. ¿Sientes si lo tocas como late su corazón?

Toca sin temor la palma de su mano y podrás adivinar que están hechas del mismito material que las tuyas. De carne y hueso, del material que sirve para construir, amar y más tarde desembocar en la tierra.

Saborea, si saborea, atrévete a profundizar en el buen sabor del rico saber de otras culturas desconocidas hasta hoy para ti. Paladea lo dulce de sus experiencias para más tarde sumergirte en lo amargo de sus tristezas humanas. Si lo ves llorar, atrapa una lagrimita podrás nadar en ella como si de un océano se tratara. Pues son fabricadas con idénticos ingredientes con los que tu ojitos las cocinan: mucha agüita, un poquito de sal, una pizca de dolor de la vida y un chorreón de alegrías bien horneadas. Y si lo quieres conocer en todas sus dimensiones, no te escondas de su acidez. Degusta sus gustos.

Pero ante todo y por encima de todas las cosas:

Abre tu mente, equípala de otras existencias. Percibe como el otro está en ti y tú estás en el otro. Llénate de ser. Siente como la vida te pide paso para fluir por círculos de personas unidas que te piden que por favor que las veas, las escuches, las huelas, las sientas, las saborees en sus diferentes gustos, y que las entiendas.

¿Estás preparado?

(Lindell)

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Poema 40/ María, de Trujui o Matera/ Pancho y la patria

Sergio Manganelli

(Buenos Aires, 1967)”Sergio Manganelli nació en Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina, el 28 de febrero de 1967. Reside actualmente en San Antonio de Padua, al oeste del conurbano bonaerense. Sus poemas y artículos han sido publicados en una importante cantidad de diarios argentinos, de México y España. Asimismo en revistas culturales y literarias de Argentina, Cuba, Italia, España, México, Estados Unidos, Puerto Rico, Francia, Colombia, Venezuela, Chile, Brasil, Honduras, etc… Obtuvo entre 1991 y 1999 una treintena de premios y menciones en su país y el extranjero. Se encuentra trabajando en la edición de “Sangre de Toro” -poemas y banderillas-, que se editará inicialmente en Buenos Aires y luego en España.
En 2011 ha ganado el Premio de Poesía de la Universidad de Cali, Colombia y el Premio de Poesía “Leopoldo Marechal”, que otorga el Municipio de Morón, Buenos Aires, Argentina.”

Poema 40

Lo más complicado de la muerte
no es morir,
sino acostumbrarnos a que la vida
se las arregle sin nosotros,
que ni siquiera perciba
nuestro sillón vacío,
el polvo en nuestros libros.

Lo triste es añorar,
-debajo de la tierra
o zumbando en el aire-
el beso de los buenos,
la taza de café,
la balada de amor,
o el ardid asesino.

Lo maravilloso es
que entre tanto despojo,
nos abriga el recuerdo
de ausencias que sentimos.

Solo algo consuela:
el corazón del grillo
en la palma de Eos.

María, de Trujui o Matera

Viajaba en el furgón, acurrucada en el suelo empastado de mugre, mientras la tormenta entraba a cachetazos por la ventana rota. Acomodaba el nudo de unas sandalias atadas con piolín, sobre los pies sin medias o estrujaba el cabello enredado de olvido. Al costado dormía un nene –puede que su hermanito- sobre el colchón helado de unas cajas deshechas y un pilón de tarjetas apretado en la mano. De pronto alguien grita: “-María, dónde carajo estás, pendeja de mierda!” y ella vuela al extremo del vagón, sujetando el bolsillo repleto de monedas. A poco regresó, se apoyó en la ventana sin importar que la lluvia le golpeaba la cara y se quedó mirando, en la expresión tremenda de los desamparados, el paredón que huía en sentido contrario. Se volvió a sentar, con los ojos velados y lloró sin una mueca, sin esperar que nada sucediera a cambio. Destilando gota a gota su dolor por la vida. María sin amor. María sin escuela. María empapada y ni un mate cocido. María sin jugar. María sin amparo. María adolescente. María sin destino. María, no hay empleo. María llena de hijos. María, la injusticia arrastrada por siglos. María y la vida que pasó como un tren. María polvo que se tragó el camino.

Se llamaba María, de Trujui o Matera, o cualquier arrabal muy lejos de Magdala y lloró sin consuelo, junto a los pies de la humanidad escarnecida, de la niñez crucificada por nuestra sociedad, que a lo Pilatos, se enjuaga la conciencia.

Pancho y la patria

Pancho es negro, mestizo y melancólico. Cada noche me mira pasar y a veces dedica un tímido menear de cola, sin emoción, como quien levanta la mano para corresponder un saludo de buena vecindad. Está allí hace tiempo, con su tierna anatomía peluda ocupando cada noche una misma parcela de vereda. No es callejero, ni extraviado, él tiene su pequeña comarca de baldosas y resiste a los embates del clima, el transitar humano, las escobas odiosas.

De tanto observarlo en la misma actitud, en el mismo lugar, día tras día, siempre limpio de pelaje y mirada, con su callado reclamo, en su digna protesta, descubrí que no está allí por casualidad ni capricho. Detrás de lo que hace meses es el imponente local de una ferretería, estaba su casa. Lo que hoy es hormigón y hierros entramados era
–seguramente- su patio de cachorro, la tierra de sus juegos y sus huesos.

Algunas tardes, si el calor agobia, se mete en el local y toma posesión de un rincón que sabe le pertenece, por derecho natural o animal, por lealtad o por simple dulzura. Alguien le acerca un balde con agua y vaya a saber dónde consigue su alimento, pero ahí está, intransigente y manso, esperando que alguna vez demuelan esa mole que le quitó el ladrido.

Pancho no sabe de exilios económicos ni disoluciones conyugales, no entiende de departamentos más chicos y fáciles de limpiar, ni de vender antes que rematen. No le interesa cómo serán los perros en Barcelona, ni su ascenso social al balanceado Premium. Poco le importan las buenas condiciones de venta por la ubicación comercial del lote, que el pago es al contado y para qué tanto parque. El quiere su tierra, con un empecinado patriotismo que bien le vendría a mucho malparido de dos patas.
Por la noche lo cruzo y me jode mirarlo, porque no me da el estómago para ofrecerle la estúpida caridad de mi asilo. El no quiere irse, ni siquiera se incorpora cuando se le acercan, sigue pegado al piso y le cambia la mirada si uno intenta tocarlo. No es un perro que busca un hogar, sino que le devuelvan el que le corresponde. Quizás en la inocencia de hallar aún a sus amos, que muertos o atareados se marcharon. Si uno pudiera explicarle, sería difícil convencerlo, porque la lógica humana es casi siempre reñida con la nobleza del instinto.

Espera una mañana, en que en lugar del Blindex vuelva a estar el viejo portoncito, el cerco de ligustros, los árboles del fondo y la mordida lata sobre la cual goteaba la canilla. Su revuelo de hormigas y jazmines, en vez de la pulcra cerámica del suelo. Su excremento y orín antes que cloro de piscina y kerosén por litro. La marca de sus patas donde hoy ocupan esas espantosas bestias de acunar mampostería. La cueva de sus osobucos, la pelota de goma y la ropa tendida. El chico que vuelve de la escuela y destapa las ollas, impregnando la vida de aroma a lugar propio. Espera las pantuflas del atardecer y la lealtad de acompañar hasta en la muerte. El romero donde se apilan las palas y los picos. Las glicinas trepando aún más que la maldita estantería. Las voces entrañables del susurro, en vez de este tumulto de urgencia consumista. La caricia genuina antes que la piadosa palmada. Espera sin resignación, con una esperanza tan viva como la vida misma.

Pancho no gime, ni gruñe, espera. Confiado en que algún día, vaya uno a saber por qué motivo, las cosas vuelvan a estar en su lugar y a cada cual lo suyo, incluso a aquella avispa que alguna vez le aguijoneó el hocico.

(Sergio Manganelli)

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Dona sentimientos/ Un llamamiento/ Madrid (Estación Sur)

María José Marín Giráldez

(Sevilla, 1987) “Nacida el 2 de julio de 1987, en Sevilla, ciudad donde reside en la actualidad. Recientemente graduada Administración y Finanzas. Desde muy pequeña amante de los libros, por lo que está muy concienciada con el mundo de la lectura y la escritura siendo consciente de su decadencia e intentando aportar al mundo su granito de arena a favor de este hábito.”

Dona sentimientos

La lectura, para quien la inicia voluntariamente, marca un antes y un después en su vida. Yo,
como lectora empedernida desde que era niña no puedo más que aconsejarla como desahogo, escapatoria, afición, y cualquier calificativo que haga referencia a la liberación del alma.

Durante un tiempo fui recogiendo títulos y autores en mis estanterías. Pasados unos años, el verbo recoger fue sustituido por apilar para actualmente pasar a esconder. Para explicarme mejor, con esconder me refiero a libros metidos en cajas debajo de la cama e incluso en el armario, todo esto, para poder tener un pequeño espacio vital en mi habitación.

Hace unos días, me puse a ojear esos títulos que tenía en el olvido. Repasé notas al margen y palabras con su significado escrito en la letra ilegible de una niña de doce años, para darme cuenta así de que esas buenas costumbres quedaron donde esos libros, en cajas escondidas.

Pasó un rato hasta que sentí que esos libros ya no me pertenecían. Eran historias que me habían hecho vivir momentos mágicos e inolvidables con cada uno de sus personajes y en cada una de sus páginas pero cada historia tiene su momento, cada personaje una edad, y cada situación un momento en tu vida. Sin pensarlo dos veces, hice una recopilación de aquellos que más me había marcado en mi niñez y adolescencia.

Aparecieron títulos como “Algún día cuando pueda llevarte a Varsovia” de Lorenzo Silva, el cual me hizo comprender a la difícil edad de quince años que no todos los adolescentes gozamos de la misma suerte en la vida. No quedando satisfecha con este y ávida de más no tardé ni quince días en hacerme con el siguiente libro de la saga (datos que sé por mis anotaciones en dichos libros), “La lluvia de París”, que me teletransportó a una ciudad maravillosa que no conocía y aún hoy no conozco, pero que gracias a Lorenzo Silva la tengo en mi mente como si la hubiese recorrido día tras día junto a su protagonista.

Así, durante más de una hora, logré reunir una veintena de libros, y sin pensarlo dos veces (para no arrepentirme), los metí en bolsas y me dirigí a la biblioteca pública más cercana para hacer mi pequeña aportación. Creo que aunque tuve que hacer un gran esfuerzo, posteriormente me sentí satisfecha.

El saber que aquellos libros que lograron hacerme comprender, sonreír, llorar e incluso aleccionarme en el arduo camino de la vida podrán hacerlo con otras personas, me produce una satisfacción más que compensatoria.

Por eso insto a todos a “reciclar” sus libros, a donar sentimientos, sonrisas, lágrimas y lecciones de vida, porque no hay mejor recuerdo que la amistad de un libro, corta pero intensa.

Un llamamiento

Las rupturas nunca son fáciles, pero siempre siguen un mismo patrón. Uno gana, otro pierde.

Quien gana, el que deja, obtiene lo que lleva tiempo buscando, la libertad ansiada, la soledad añorada.

El que pierde, quien es dejado, se enfrenta a una nueva vida la cual no desea echando mano de toda la fuerza que tiene. En ocasiones esa fuerza te abandona, va mermando poco a poco, día tras día, y cuando ya no se puede más se estalla.

Hay tantas formas de estallar que sería muy complicado enumerarlas y mucho más explicar cada una de ellas. La más común es el llanto, el llamado refugio de los cobardes. Con cada lágrima que sale de los ojos se va una parte del alma, un recuerdo, una foto, once rosas rojas y una blanca…

Cuando se piensa que ya no quedan más es un autoengaño porque el alma es infinita y con cada parte que nos abandona en forma de lágrima nace un nuevo sentido, un nuevo aroma, una nueva sensación que se agarra con uñas y dientes a lo más profundo de nosotros y es, en gran medida, lo que nos hace seguir adelante.

Todo en la vida es pasajero, todo puede llegar a olvidarse, todo menos esa lección de vida que pos suerte o por desgracia marcaran los pasos y el camino que se quiera seguir a partir de entonces.

Desde aquí, desde una terraza en Madrid, hago un llamamiento silencioso pero no por eso menos fuerte, al amor, al desamor, a los recuerdos que nos atormentan:

Dadnos una tregua. Cuando ustedes, dueños de nuestras vidas, nos veáis sin fuerzas, que ya no podemos dar más, mandadnos un suspiro de alivio, de calma, un golpe de viento que nos permita respirar, porque a diferencia de ustedes somos humanos.

Madrid, 20 de septiembre de 2013 (Estación Sur)

Un chico besa a una chica en los labios, la frente, las mejillas, el pelo y posteriormente la protege con su abrazo en un intento desesperado por mantenerla ahí cinco minutos más. Ella le susurra al oído lo que imagino que será la promesa de volver a verse pronto, tal vez no tan pronto, pero volverán a verse, lo veo en sus ojos. Se separan, no sin trabajo, y ella sube. Cuando el autobús se aleja el chico hace lo mismo pero en otra dirección que por sus hombros caídos y los ojos enrojecidos puedo intuir que no es la que a él le gustaría.

Un joven baja de un autobús y camina apresurado. Lleva una maleta de mano más bien pequeña. Lo observo curiosa hasta que llega a su destino. Se para frente a un señor mayor con el pelo cano y la cara surcada de arrugas. Se sumergen en un abrazo que aún estando a unos metros de ellos no puedo llegar a descifrar todo lo que se dicen con él. Cuando se separan, el hombre le da una cachetada cariñosa al muchacho en la mejilla, y ahora sí, desde aquí puedo leer los labios del joven: “Ya estoy en Madrid, abuelo”.

Una mujer muy elegante sentada a mi lado habla por el móvil: ha surgido un imprevisto mamá, quédate con los niños este fin de semana (…), si lo sé, el trabajo acabará conmigo (…), vale mamá (…). Volveré el lunes (…). Te quiero mamá y gracias.

Un autobús acaba de llegar a la estación, es el mío con destino Sevilla, veo bajar un grupo de chicas alborotadas entre risas escandalosas, sin duda son de mi tierra: ¡A conquistar Madrid chicas! Anima una.

Ellas llegan, yo me marcho. Ya he disfrutado de Madrid, ahora es su turno.

(María José Marín Giráldez)

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¡Rocío! / El jardín

José Manuel Martínez García

¡Rocío!

Hay unas manos, acariciando las teclas del piano,
desgranan notas musicales ¡Solemnes!
de vivas sinfonías,
vienen, van, como espuma de mar.

Ellas, se precipitan en nuestros oídos,
como la convocatoria del amor,
te dicen, te hablan,
no es momento, de quedarse en la ausencia.

Es hora, de salir al jardín,
hora de aspirar nuevo aire, nueva fragancia.
Si percibes el deseo, embriagador del amor,
si respiras, de la profundidad de la noche.

Te ara libre, te ara ensoñar,
llevándote de la mano,
te ara soñar, sentir
el secreto deseo, de un gigante.

Aspiraras, el aire salobre de helechos,
de perfumadas Petunias, deja-me pues,
susurrar- te, al oído.
“Tumba- te, sobre la laguna plateada”

Que bañada por el rocío,
deja-la, a ella, tan coqueta,
sea tú gladiador del universo,
gladiador tan puntual.

Te asomara, al balcón del cielo,
veras preciosas gemas rojas
de un valle, engalanado,
con mariposas en vuelo.

Mientras mordisqueo, tus labios,
besando tus serenos ojos,
con ansiosos, furiosos vaivenes,
mientras bebes embriagadora, ambrosía.

En una frugal, doma de la noche,
mientras una salamandra, se estremece
en ese valle, de la Luna,
mientras unas manos, acarician, las teclas de un piano.

Suspiro, tras suspiro, desgranaran
notas musicales, con la fuerza
de la naturaleza, del páramo,
despierta pues fornicando,en lo alto de una duna.

Con ansiosos estremecimientos de placer,
placer, licuan-te, que respira vida
en cada rincón de la noche;
Gime pues, que la noche y el mar, te oigan gemir, suspirando de placeres.

El jardín

Esta madrugada, he salido al jardín,
vestido de fina lluvia, con terciopelo y grana.
Hermosa esta la Luna, pues en vientos danzaba,
la danza, de los siete velos.

Llena de notas, esta la noche,
con el arrullo de la alondra
que mecerse, se mecía,
entre las espinosas ramas.

De un multicolor Rosal,
contemplo la alberca
con erizada, gélida piel
mientras cae la lujuriante lluvia,

cae, sobre espeso manto
de onduladas Margaritas,
que piso con descalzos pies
mullida alfombra, que me recrea

mi olfato, como un ciego
en negra noche, mientras alcanzo a oler
sabor, de rojo fragante vino
paladeo, admiro el negro de la noche.

Contraste, de blanco jazmín perfumado
que recortarse, se recorta,
sobre el fondo de ese Lirio azul
con el turquesa, color de la Lavandula.

observo el gracíl vuelo
de aquella Mariposa, que se detiene,
por contemplar la Azucena,
mientras el Narciso, derrama

su oloroso aceite, en noche de Lilas,
mientras el cielo, me abraza,
en la tierra, florecen los amarillos nenúfares
entre las plateadas, ondulaciones del espejo estanco.

(José Manuel Martínez García)

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… de Amor

Angeles Mendoza

(Málaga, 1975) “Nací en Málaga el 30 de enero de 75. Toda mi familia es del Puerto de Santa Maria. Enamorada de Málaga sus calles su Manca y su gente desde que me instale allí para cursar mis estudios de Magisterio.”

… de Amor

Al alma cuajada de sueños,
le he robado el corazón.
A la razón soñolienta,
le he regalado un poco de mi pasión.
A mi voz, ligera en palabras,
la he vestido de colores miles.
Y Ahora un arcoíris de ilusiones
por el que paseo en tacones,
me muestra el camino hacia tus sentidos.

(Angeles Mendoza)

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Con ella/ Amor ¿Dónde estás?

Begoña Pantiga Bilbao

(1961, Gijón)”Nací en un pueblecito marinero de la costa asturiana, exactamente donde desemboca el río Nalón. El pueblo se llama San Juan de la Arena. Siempre tuve afición a la lectura y siempre escribí en el papel lo que me salía del interior. Prefería escribirlo que contarlo de boca a boca. Actualmente colaboro con la revista Entropía, en forma de relatos y poemas. Escribir me relaja y a veces, me desahoga. Es un placer para mí, entrar a formar parte de vuestras perspectivas.”

Con ella

Y fue así como, una noche de pleno verano, empecé a formar parte de ella.

Sé y siento que me espera, que me sufre, que me aguarda. Y yo siento miedo, porque todo esto, tan nuevo, tan pleno, me desconcierta y me trastorna.

Pienso en ella con ternura, con ánimo y esperanza. De pronto, me doy cuenta de que alguien cree sinceramente que el amor es posible y que me ofrece el don de su vida.

Su paso es tan seguro que llego a creer que podrá ser mi fuerza. Cada vez que la escucho sé que no estoy sólo.

Estamos hechos el uno para el otro, como el viento para el mar y las olas para la orilla de la playa.

Ella es mi morada, mi lecho caliente. Y así fue como empezó esta relación.

Se la ve tan contenta que me hace partícipe de esa felicidad, de vez en cuando salíamos a pasear por la orilla del mar. Allí es cuando más desconecta del mundo real, es como si estuviésemos ella y yo solos en el universo. Sus cabellos sueltos al viento y su piel morena por el sol. Sus pies descalzos envueltos en la arena y sus ojos de mirada enérgica y de un verde profundo.

Otras veces vamos al mercado. Le gusta comprar flores, verduras y frutas. Todo el mundo la conoce y le preguntan por mí. La cara se le ilumina y toda ella irradia felicidad. De vuelta a casa me acaricia, me nombra y me cuenta historias, a mí me encanta ese juego de hablar y escuchar.

Cuando llegamos a casa se acuesta un rato y pone sus pies en alto yo también aprovecho y duermo un ratito, también me siento cansado. Me encanta sentirla relajada, porque yo también necesito un poco de descanso.

Su voz me suena dentro como si la oyese a través de una caracola y es dulce, su voz es dulce.

A veces, la tristeza revolotea en torno a ella y entonces llega él, el otro. Él también la quiere y la necesita y la abraza y la mima mientras su conversación gira casi siempre en torno a mí.

Yo sé que ella le quiere con locura, pero yo soy especial, a mí me buscó cientos de veces y ahora soy su deseo, su tesoro. De esto estoy seguro.

Lo mismo que sé que ella siempre estará ahí, y yo seré lo mejor que haya pasado por su vida.

De repente, siento la necesidad de estar ahí con ellos, de sentir su calor. Pero debo esperar, aún es pronto. Las cosas deben seguir su curso.

Ni qué decir tiene que la espera va a ser larga, porque soy poquita cosa, pero muy importante para ella. Tanto o más que el otro.

Los dos saben que estoy aquí, como una fruta que tiene que madurar y suspiran con sosiego y yo me relajo y me duermo, tranquilo, confiando en que ella me cuida.

Desde este lado, el mío, me doy cuenta de que no sé nada , que todo lo que gira en mi entorno es un mundo desconocido para mí. Pero no me importa, sé que ella , en su día me enseñará y me guiará. Porque ella es así, cariñosa, complaciente y paciente. Lo sé.

Y los días se suceden uno tras otro y sigo estando aquí, renovándome, real.

Y me siente suyo y me doy cuenta de que todo va bien.

Hoy se viste de claro y me parece que tiene los ojos con un brillo especial. Sonríe. Toda ella sonríe.
Yo tengo la sensación de que algo está a punto de suceder. Últimamente estoy más inquieto que de costumbre, no encuentro mi sitio y ella está cansada, nerviosa.

Estamos en un lugar que no conozco y oigo voces que nunca antes he oído. Me muevo, se mueve, algo raro pasa, me esfuerzo por entenderlo, pero no puedo. Lo único que sé es que algo se ha interpuesto entre ella y yo. A mí no me gusta nada, pero noto que a ella no le importa.

Está relajada y no siente daño alguno, con lo cual me siento aliviado.

De vuelta a casa, me acaricia, me habla y está orgullosa de que yo forme parte de ella. Lo noto, su corazón late de una manera especial, creo que sólo yo lo puedo apreciar, es la ventaja de ser su tesoro.

No tengo ni la menor idea del tiempo que pasó, si pasó despacio o muy deprisa. Yo ya era yo.

Quedaba el último tramo de mi camino. Pasar de la sombra a la luz. De mi mundo a su mundo. Siento al mismo tiempo miedo y placer imaginándome a su lado. Pero hubo un momento en que creí que me había abandonado y me sentí el ser más triste de la tierra.

Porque aquél laberinto fue muy duro y sufrí lo que nunca había sufrido y me dolió y a ella también y gritó y lloró.

Cuando aquello acabó, nos tocamos, sentí su calor, su piel contra mi piel y me tumbó en su pecho y me besó mientras yo temblaba de frío y notaba que todo su ser me inundaba, Era ella, por fin.

Y todo a nuestro alrededor se iluminó cuando yo abrí los ojos y la busqué, y ella estaba allí y sonreí, con la sonrisa más adorable que nadie se pueda imaginar y entonces me apretó contra sí y me susurró bajito:

Mi niño, mi bebe, mi amor ya estás aquí.

Lallá

Amor ¿Dónde estás?

Mi corazón te busca.
¿Dónde estás?
Socavaré la tierra,
caminaré errante en la noche.
Adormeceré el tiempo
para paliar tu ausencia.
Escarbaré en la arena
y mágicos sonidos en la sombra
calmarán mi pena.
Gritaré tu nombre
y el eco cascabeleando
lo susurrará a lo lejos.
Emergeré de la tristeza
y cuando te encuentre,
el viento arrastrará
tu amor, mi amor,
tu nombre y el mío.
Ámame hoy, mañana, siempre.
Recuérdame hasta que el rumor
Del agua pronuncie nuestros nombres.
Quiéreme hasta que en mis entrañas
florezca la vida.
Camina conmigo y que nadie ni nada
Estorbe nuestros pasos.
Deséame como el otoño espera ansioso
Los rayos del sol, monótonos y pálidos.
Abrázame hasta que cuando seamos viejos
nos volvamos a encontrar.
Espérame,
y cuando las primeras escarchas
de la madrugada anuncien
otro día, quiéreme,
que yo te daré mi vida.

Lallá

(Begoña Pantiga Bilbao)

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Libre

María Victoria Obradors Corujedo

(Madrid, 1979)

Libre

Era una noche calida, el cielo plagado de estrellas con una enorme luna llena que iluminaba el lugar. La suave brisa acariciaba mi piel, lo único que se escuchaba era el relajante sonido de las olas. Caminaba descalza sintiendo como la arena cedía a cada paso y el agua regularmente me mojaba.

De nuevo era libre, atrás quedó mi aceptada cárcel donde regalé una porción del tiempo total que dura la vida prisionera de un mal amor.

El pasado no tenía solución, el presente me llenaba de fuerza, ahora estaba segura de que lucharía por ser feliz, jamás iba a rendirme.

(María Victoria Obradors Corujedo)

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Despacho con vistas

Carolina Otero

(Valencia, 1977) “En poesía, ha publicado los libros Versos para un hombre de pero en pecho (Casa de Cultura de Chiva, 1997), Anunciado en televisión (Ayto. Lekunberri, 2012) y 43 m2 (Ed. Olifante, 2013). Asimismo, ha recibido varios premios poéticos, como el Sargantas (Chiva, 1997) y Ángel Urrutia (Lekunberri, 2012). En narrativa, es parte del colectivo experimental Hotel Postmoderno, del que se editaron dos novelas: Hotelº Postmoderno (ed. Inéditor, 2008) y De la Habana un barco(Ed. Lengua de trapo, 2010). Además, ha participado en festivales literarios como «La Semana Negra» (Gijón, 2010), «Vociferio» (Valencia, 2011), «Voces del Extremo» (Moguer, 2012) y «Festival de Poesía del Moncayo» (Zaragoza, 2013).
Desde 2007, mantiene muy vivo su blog literario, “Casa en la periferia”: Ficha Técnica http://yolareinaroja.blogspot.com”

Le gusta decir: “Con las letras hago un paracaídas y, a veces, me salvo”.

Despacho con vistas

“Y este don de morir, esta potencia
degolladora de dolor”

Antonio Gamoneda

El azar me ha llevado
a un despacho con vistas
al cementerio;
entre el centro escolar y el campus,
los muchachos se derraman como mar.
A veces llegan las gaviotas
y me recuerdan que a unos pasos
reposa la arena donde los jóvenes
arden su belleza que no sabe.
¡Qué cerca, el puerto,
donde entra y sale vida!
¡Qué lejos, los viejos
de nieve en la sien!
Aquí no hay señal de muerte alguna:
bicicletas, tocados de flores, cigarrillos
a la salida; mensajes de amor en el móvil;
notas secretas contra el tedio
del sujeto y el predicado…
Pero el sigiloso cementerio
espera. No hay flores
que jamás caigan al barro.

(Carolina Otero)

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Poemas

Miguel Ángel Rosas Solís

(1988, San Francisco del Rincón, Guanajuato, México) “Bajo el pseudónimo de Miguel Ángel Rosso, Miguel Ángel Rosas Solís es un hombre de 24 años cuyo rasgos característicos se podrían resumir en 5 palabras: apasionado, hedonista, creativo, nostálgico, egoteísta. Es un hombre enfermo de poesía, admirador de su propia poesía.
Su personalidad aplastante propensa a la perfección es la fuente de toda su inspiración poética. Su obra (ya sea en la métrica clásica o libre) tiende siempre a hablar de él, así, cada poema se convierte en un episodio de una biografía más que de una antología poética. Sin embargo Miguel Ángel Rosso, es un poeta muy diverso, que ha experimentado desde el deseo y consecución de la libertad, hasta la inmersión en la maldad, el desamor la felicidad y la muerte, reflexiona sobre el placer de sacar punta a un lápiz hasta la diferencia entre la memoria y la verdad. Comenzó a escribir justo a los 18 años, ese día logró no solo un poema, sino logro la definición de sí mismo: el poeta.
Su obra única es una compilación de poemas cortos y se titula: “palabras que nadie lee”, aún no ha sido publicado.”

PREPOSICIONES

De mi retórica infalible,
de mi aplastante elocuencia,
de mi atractiva apariencia,
soy preso.

En mi destino nihilista,
En el enajenante hedonismo,
En el deslumbrante espejismo
Me pierdo.

Con impávidas rimas,
Con versos escatológicos
Con poemas antropomórficos
Cortejo.

Contra silencios desquiciantes
Contra mareas de soledad
Contra la vejez y la saciedad
Yo riño

Entre amortajadas esperanzas
Entre días de oscuridad
Entre un vaivén de maldad
Me encuentro

Hacia el infierno perpetuo
Hacia la nada absoluta
Hacia la locura infinita
Me voy

DIABLO

El diablo ha perpetuado la maldad en mí,
y mi memoria, la hace cada vez más consciente.
Soy un pecador muy coherente.
¡Ardiendo, ardiendo estoy con frenesí!
Y este lívido incontrolable,
y esta inmoralidad cotidiana,
y esta conciencia tan insana,
desdibujan mi gesto amable.
Me hundo en los mares de la indecencia,
He asesinado a la verdad,
Blasfemo con insistencia,
Soy yo el amo de la maldad.

MIS SENTIDOS

Mis siete sentidos, todos,
me llenan de perfección,
y me colman de adicción.
Mi inteligencia supera a todos,
aguda, pernocta en el idilio.
Mi apasionada piel morena,
siempre, con sed eterna.
Mi acallada boca, mi delirio,
probando sabores de pecado.
Perezosa y sin memoria,
mi nariz sin victoria.
De lujuria y amor acompasado,
mis ojos se han llenado.
Mi oído y mi poesía abrazados,
cortejando, embrujados.
Envueltos de melodías serenas
y de palabras sin penas.
Soy un hombre sin sentido
aue ha sentido demasiado

ME APETECE

Me apetece tu voz,
tu acento en español.
Me vuelve loco el sabor,
de tus besos sin amor.
¡Ay, me gustas corazón!
Que sonrías sin razón,
que te enojes por amor
y que en las noches de estupor,
Me apasione tu pasión,
¡Ay, me gustas desamor!
Porque esperanzas fallidas son,
tanto el amor como la pasión,
mas vivirlas quiero yo,
aunque despedacen mi razón.

LIRA NÚMERO UNO

Ilusoria realidad,
de egos yuxtapuestos y distantes;
la memoria y la verdad,
hermanas por instantes,
muestran siempre distintas realidades

DÉCIMA DE UN DIOS

Ente soy de un ego alto,
por eso mismo, me sé Dios.
Voluntad y razón, la dos,
conforman mi fundamento.
Soy un Dios en movimiento,
más palpable que eterno,
más eterno que divino.
Soy Dios, mi Dios, pero no el Dios.
Penas y alegrías, míos.
Soy ego, soy Dios, soy ufano

(Miguel Ángel Rosas Solís)

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Universo/ La mar/ Luna/ Futuro malvivido/ Consejo

David Salazar Rodero

(Madrid, 1992)

Universo

Dice el sol que hasta su boca he de trepar,
más Dios mio no me atrevo por miedo a resbalar.
Dice la luna que entre sus pechos debo naufragar,
más si subo hasta ahí me he de recostar.
Dice el agua que en su ombligo debo descansar,
más si bajo hasta ahí deberé llorar.
Dice la roca que debo observar sus ojos,
más como no quedarme a vivir en ellos…

La mar

Las olas espumosas,
viajan de duda en duda,
de marea en marea,
y sus pies se adentran en algas y arena.
Entre el suelo y el límite del mar no hay nada,
donde uno camina libre,
donde no hay barreras o caídas,
donde me quedo dormido,
entre el murmuro de la mar…

Luna

- Madre, madre mía, de la luna me he enamorado,
de la fulminante luna, de sus mil caras y de su lejanía.
- Hijo, de la luna no estás enamorado,
es tu propio corazón que grita libertad.

Futuro malvivido

El mundo espera ser salvado,
el hombre espera ser ayudado,
el Dios espera ser recordado,
el niño espera un futuro mejorado,
el mayor espera retornar al viejo pasado…
El abuelo espera ser recordado, pretencioso espera
al niño que vivió pensando en un futuro mejorado,
pidiendo en sus ojos volver al viejo pasado.
El abuelo murió esperando tantas cosas que,
sin querer se marchó sin acordarse de vivir,
triste y ajado, derrotado, marchitado, una vida vivida,
sin ser apenas vida, esperando, sentado, olvidado.

Consejo

Habrá veces que los días no tengan
sentido, que te supere el peso del mundo,
que parecerá que solo hay problemas, que tu vida
tiene un horizonte infinito, que ya no calan tanto
los abrazos…
Pues date un segundo de tu tiempo, apaga el móvil,
no hables, no pienses, cierra los ojos o sueña despierto,
cuídate, mímate, ayúdate…
El mayor grito de auxilio siempre será mudo por eso nadie
nos puede ayudar, deja que el silencio te rompa los tímpanos,
hazte un día egoísta y aprende a quererte,
recuerda que por mucha lluvia que caiga,
no tienes porque usar el paraguas.
Y si lo que necesitas es un amigo o un desconocido,
aquí me tienes, tan o más loco que tú, cuidando siempre
los pequeños ápices de las cosas que no tienen sentido..
Y lo mejor de todo, es que lo que ahora estás llorando,
ya lo han llorando más personas mucho antes que tú.

(David Salazar Rodero)

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Cuestión de fe

Carlos Alberto Torres Gómez

(Málaga, 1981)”Doctorado en Periodismo por la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de Málaga, donde colabora como investigador. En 2011 publicó el artículo “Estructura mediática en Rusia: de los reductos oligarcas al conglomerado Gazprom” en Infoamérica (Revista Iberoamericana de la Comunicación).
Entre otros concursos y certámenes literarios, ha participado en el I Concurso de Microrrelatos de Semana Santa 2012, organizado por el Colegio Oficial de Médicos de Málaga, así como en la 4ª Edición del Concurso de Microrrelatos “El tamaño no importa, léelo”, organizado por la Red de Bibliotecas Municipales de Cartagena, siendo finalista en ambos. Desde hace seis años desarrolla su labor como docente en organismos públicos y privados de Andalucía”.

Cuestión de fe

Los últimos rayos de sol se despedían tímidamente bajo los tambores del lunes cautivo. Estaba dormido. Su cuerpo yacía envuelto en una aureola de candidez y ternura sobre unas piernas añejas. Tras las persianas de la habitación, el vaivén de unos varales engalanados marcaba con suma precisión el desfile señorial de las túnicas blancas. La alameda parecía arder entre la pasión de la muchedumbre. Un repique de campana lo despertó de su letargo.

Acto seguido, se incorporó súbitamente y corrió hacia la ventana; la abrió y, con la inocencia lógica de un niño de apenas cinco años, intentó alcanzar con las yemas de sus dedos el techo de palio del trono que bajo sus pies pasaba en ese momento. Fue en vano, pero no se iba a rendir tan fácilmente. Apresuró sus pasos y se echó a la calle ante los incrédulos ojos de los que allí estaban presentes. Bajó las escaleras con la mirada desnuda y las manos abiertas guiado por el fervor de una masa de fieles congregada en torno a los arbotantes de un trono, cuya sombra emergía majestuosa en las entrañas de la pasión. Ni un efímero rincón por el que acercarse a la grandeza de su Señor.

La ilusión se evaporaba con rapidez entre síntomas de desesperanza. El retumbe del mazo del mayordomo sobre la campana era inminente. Apenas podía articular palabra. Notó entonces el roce de unos guantes sobre su espalda. La mirada de uno de los hombres de trono se había detenido en su figura. Así, entre gritos de júbilo y alabanza, alzó al pequeño, quien fue pasando de mano en mano hasta la cima del trono, donde con una voz tímida y medrosa exclamó: “Señor, no te lleves todavía a mi madre”.

(Carlos Alberto Torres Gómez)

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Poema 1/ Poema 2

Lorenzo Valenzuela

(Sevilla, 1958)

Poema 1

Poema 1-

Como perfuma tu voz, dormida entre mis recuerdos,
Tu luz enamorada, llama de esperanza, entre mis ojos ausentes.
La palabra justa, el gesto encantador de tu hermosura.
La dulzura de tu risa que aun sobrevive a mi naufragio.
Si, tu no estas…pero para eso estoy yo…
Para renombrar tus sueños, entre las montañas salvajes de tus ojos.
Aferrado a ti…muriendo en ti…perdido en tu ausencia…
Silencio mortal que se expande, junto a la luna de abril.

Poema 2

Poema 2-
Amor, que te hundes en la ciénaga,
Anhelando el sol de mi ventana.
Salta hacia el espacio enamorado,
Buscando la aurora de la mañana.
Cae girando tu dulzura,
Reflejando tu tristeza entre mi ojos,
Entre las caricias dormidas en mi cama.

(Lorenzo Valenzuela)

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Inseguridad/ Sigue mis pasos/ Yo

María Varea

(Haro, 1981)

Inseguridad

Inseguridad,
reflejada en un muro,
mezcla de tristeza y alegría.
Sin buscar seguridad,
por cobardía,
por miedo…
absurdo.
Escudándome tras esa frontera,
que me permite controlar…
o sucumbir.
Ese muro frente a mi alma,
que no permite traspaso,
a nadie,
a nada….
por miedo,
susceptibilidad,
egoísmo…
por recuerdos de dolor
y rechazo.
Muro puesto por mí mismo,
como sistema defensivo extraño,
que no se sabe combatir
y es imposible.
Muro que separa,
que me permite observar,
pero que los demás no vean…
Muro que no consigo derrumbar.
¿Lo derrumbará el amor?
¿Será capaz de llenar ese vacío
que se provoca
y lo lleno de ese muro de falsedad?
Sin confianza,
sin amores,
con miedo,
siempre con miedo….
al dolor,
a la soledad,
sobre toda esa obligada por uno mismo.
No me quiero.
Tristeza de conocer la realidad
y no seguirla,
y no dejar seguirla;
Tristeza que arrebata almas,
que condena cuerpos,
que ensombrece todo;
Daño,
rasgo vidas,
ciego visiones,
destrozo alegrías.
Pero hay alegría,
porque hay esperanza.
Sé atisbar,
de cuando en cuando,
un mundo diferente,
casi mágico,
donde no hay miedo,
aunque haya dolor.
Y que es compartible,
que sana almas y corazones,
que termina dando vida.
Que caiga,
que esa esperanza derrumbe mi muro.

Sigue mis pasos

Camino,
señal de que no sucumbo,
de que no permito que el dolor salga,
porque ahoga.
Por mí,
por los demás,
pero sobre todo porque lo quiero.
Lo quiero,
sí,
porque es efecto de haber amado la causa.
Me duele el alma,
hasta no poder llorar,
pero sé que debo seguir caminando.
Sigo adelante porque hay un sentido más grande,
que explique las pérdidas,
que apague el dolor.
Me miran extrañados
pensando que la fortaleza es mía,
y no es verdad.
Mío es el convencimiento
de que solo debo agradecimiento,
mío es el amor que nunca muere aunque él no esté.
Amor que da fuerza,
que atraviesa muros,
que cura almas.
Almas como la mía,
que tiene el rumbo claro
pero solo llora,
sola,
porque su yo se ha ido al lugar al que pertenece.
No abandonaré los proyectos,
no dejaré perderse las sueños que conseguimos juntos,
no perderé la ilusión de volver a ver su sonrisa,
y jamás le daré la razón al que piensa que él ya no está.
Se fue,
pero se quedó,
no le veo,
pero está.
Acepto que de otra manera,
rechazo que jamás vuelva a decirme nada,
a susurrarme al oído que me ama con locura,
a agradecerme como cada mañana que le quiera sin sentido.
Sin sentido,
y con todo el sentido a la vez.
No hay explicación razonable,
no hay palabras que lo definan,
no tiene sentido,
porque lo tiene todo.
Apareció un día y nunca se fue.
Conoció mi alma a través de mis ojos.
Sonrió ante mis locuras.
Acompañó mis esfuerzos.
Compartió mis ilusiones.
Soñó mis sueños.
Fue yo y yo fui él.
Por eso,
incluso con los ojos tristes sonrío,
y camino,
porque de otra manera sigue mis pasos.

Yo

Ocurrió el encuentro con unos ojos que buscan,
que han sufrido dolor,
y vivido soledad.
Ojos que atravesaron el muro que me flanquea,
y convierten mi tristeza en amor,
que dan sentido a la poca alegría de mi ser.
Desnudaron mi alma,
descubrieron mi realidad,
desarmaron mi poder,
remansaron mi tormenta.
Ojos que deseo que llenen mi todo,
que provoquen no necesitar nada más,
que comparta mi interior, y me deje entrar al suyo.
Ojos con el mismo respeto que yo.

(María Varea)

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Pueblo/ La Torre/ La quietud del alma dolorida

Isabel Vergara

(Málaga, 1961) “Soy del pueblo de Almogia, aunque llevo muchos años viviendo en la ciudad. Desde siempre me ha gustado mucho la literatura, tanto leer como escribir. Ahora que tengo 51 años es cuando más tiempo tengo para poder dedicarlo a escribir. A veces pienso que es un poco tarde. Aunque por otro lado también pienso, que ahora que puedo lo tengo que aprovechar. El poema “La Torre” se lo dedico al trozo de torre que aún queda en pie, de lo que un día fue el castillo de mi pueblo.”.

Pueblo

Pueblo blanco, pueblo blanco
cuántas veces he corrido
por tus calles con encanto.
Cuántos sueños y esperanzas
de mi infancia se han quedado,
colgados en esos balcones
de gitanillas o geranios.
Desde el día que me fui
nunca te he olvidado.
Allí viven mis padres
y algunos de mis hermanos.
Quien pudiera recorrer tus calles
con la inocencia de antaño.
Pueblo blanco, pueblo blanco…

La Torre

Que sola esta la torre
qué triste y que callada
que lejos aquellos tiempos
que tenía sentido su estancia.
Qué alboroto y que alegría
la de gente ella veía.
Cuantas batallas y luchas
habrá visto en su vida
Erguida junto al castillo
con orgullo y alegría
Que enorme e importante
ella se creía, sabía que sus piedras
al pueblo defendía .

La quietud del alma dolorida

La quietud del alma dolorida
hace posible que la esperanza
renazca tímidamente,
sin atreverse a hacer ruido
para no despertar a la ansiedad,
que espera acurrucada
la ocasión para saltar
sobre su presa.

(Isabel Vergara)

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Ciudad de cristal y piedra

Cristóbal Villalobos Salas

(Málaga, 1985) Licenciado en Historia por la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Málaga.
Desde el año 2006 es columnista de opinión y colaborador de diversas publicaciones impresas y digitales, en las que ha publicado más de un centenar de artículos. Durante el año 2007 fue uno de los ganadores del concurso de trabajos de investigación “Hablemos de Europa”, promovido por el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Universidad de Málaga, con un trabajo sobre el concepto de Europa en la obra de Ortega y Gasset. Uno de sus artículos ha sido galardonado con un accesit del Premio de Periodismo Augusto Pérez Jerchet dentro de los premios Ateneo-Universidad de Málaga 2009.

Ciudad de cristal y piedra

Amanecía entre las altas torres mientras el alter ego de Paul Auster en Trilogía de Nueva York, asfixiado por su decadente y frustrante realidad, se lanzaba al asfalto envilecido de la Gran Manzana dando comienzo a su paseo matutino.

La ciudad se abría a su paso, transitando por calles centenarias que se metamorfoseaban diariamente, perdiéndose en el infinito laberinto hasta desfallecer de cansancio y emprender el regreso a su Ítaca particular; su oscuro apartamento.

Ni yo soy Paul Auster, ni Málaga es “New York” pero, al igual que el escritor norteamericano, siento que conquisto la ciudad a cada pequeño paso que doy, renovando mis fuerzas el sol de la mañana.

Durante años recorrí las mismas calles, que se me muestran diariamente inexploradas, diferentes y repletas de nuevos misterios que descifrar y de pequeños tesoros por descubrir y rescatar.

Quizás sea mi oficio de escritor el me lleva a fijarme en este tipo de cosas, o quizás sea mi oficio de historiador el que me lleva a ver, en los rincones más insospechados, testigos de otros tiempos por preservar.

La ciudad es un descomunal ser vivo, contrario a las leyes más básicas de la naturaleza. Se hace joven y envejece, sin importarle el paso del tiempo o la vida de quienes la habitan. La ciudad se expande y se contrae, sobre el bamboleo de las olas de la Historia, atrapando y expulsando a aquellos seres que la habitan.

El humo ahoga la ciudad, herida de locura y ruido, habitada por gentes que la ignoran.

Una ciudad, y más esta ciudad, es algo más que montones de edificios y coches. Miles de años, de historias y de vidas han dejado su huella en ella. Conocerla, preservarla y mejorarla es el deber de sus ciudadanos.

(Cristóbal Villalobos)

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